Seguir el ejemplo de Jesús

¿Cómo enfocó y orientó su vida en momentos de crisis?

A lo largo del Evangelio encontramos muchos momentos en los cuales Jesús tuvo conflictos, problemas, oscuridades y peleas. Algunas veces era por el tema de la interpretación de las leyes, concretamente el sábado, sobre el ayuno...

Jesús predicaba, hizo milagros, pero su misión no era convertirse en un payaso de feria, en alguien que viene a solucionar los problemas de la gente; si hace milagros o si predica es porque quiere llevar a las personas a una mirada más allá de lo sensible, quiere llevarles a que crean en Él. De nada servirían todas las curaciones y todos los milagros del mundo, si no lograran provocar la fe en aquellos que las ven.

Ese es el riesgo y por eso a Jesús le cuesta tanto el hacer las curaciones, y por eso pide primero la fe, antes de llevar a cabo el milagro, y por eso el evangelista san Juan prefiere hablar de “signos” y no tanto de milagros.
Hoy como ayer, debido a la falta de formación o de espiritualidad seria, muchos creyentes se inclinan por lo extraordinario, supermaravilloso, buscan lo que brilla, piden señales...
Y se van detrás de lo externo, de lo ruidoso; descuidando el proceso que debe darse interiormente ante estas realidades, que tienen como objetivo buscar un crecimiento en la fe, un acercamiento a Dios y el compromiso de amar.
Es la explicación del gran éxito que tienen algunos grupos de oración actuales, acude la gente en masa en busca de la sanación o de algún beneficio personal (como hacían con Jesús) o en busca de mensajes y visiones extraordinarias. Por eso Jesús insiste una y otra vez en la fe, en la confianza en el Padre que es providente y que cuida de sus hijos, como cuida de las hierbas del campo.

Si no profundizamos en la fe, ni buscamos al Señor por Él mismo (no por lo bueno de lo que nos pueda dar...) En el secreto del corazón, para que el Espíritu nos dé la fe, la esperanza y la caridad (el amor), nunca descubriremos en verdad cómo es el Señor.
Sin esta fe confiada no existe en el cristiano una verdadera base de espiritualidad y muy pronto y fácilmente el edificio se derrumba.

La predicación de Jesús es linda, pero no siempre cae en lo hondo de las personas y, a veces, se prefiere la forma de ellas y se olvida el fondo. Por ejemplo nos llaman la atención las parábolas de Jesús, pero se puede llegar a descuidar el mensaje central que quiere darnos, el compromiso que debe llegar a nuestra vida.

Jesús mantiene a toda costa la verdad. Sabe que si dice la verdad hay mucha gente que se va a marchar, que lo va a abandonar, pero Él prefiere ir con la verdad por delante. Sus palabras rezuman radicalidad y exigencia. Y sabe que no puede rebajar esa exigencia, porque si no su enseñanza se quedaría como una más en el mercadillo de ventas.
Jesús no ha venido a mostrarnos un camino fácil sino el camino de Dios. Sabe que las personas necesitamos de signos externos, y por eso realiza esos milagros, pero conoce también que sus palabras van a ser duras y van a caer en corazones que no las van a aceptar fácilmente.

Pero Él no renuncia a ellas, prefiere quedarse sólo, a diluir su mensaje en cualquier cosa. Y ahí es dónde comienza su primera crisis. Al enfrentarse con estas personas les dice lo que realmente piensa: que le buscan no por su doctrina, sino porque les ha solucionado su problema económico, les ha dado de comer, y quieren hacerle rey porque así ya no van a tener ni que trabajar (Jn 6,26).