SEÑOR, PERDONA MIS CULPAS...

La culpabilidad es uno de los sentimientos centrales de la existencia humana que es inútil ignorar. No tenemos que estar culpabilizándonos de todo y en cada momento, o vivir sin que asome en nuestra vida ni una sola culpa. Hay que encontrar el equilibrio emocional, físico y espiritual entre ambos extremos.

El cristiano que intenta vivir su vida espiritual con dignidad, experimenta muchas veces una tensión entre lo que debe ser el ideal de perfección de su vida frente a sus tendencias y limitaciones personales.
Hay personas que han convertido su vida de fe es una lucha constante entre lo que soy y lo que realmente debería ser. Se entra así en una división interior entre la paz que viene de la fe y la culpabilidad inconsciente de sus tendencias interiores.

¿Por qué tenemos culpabilidad?
Muchas personas fueron marcadas en su infancia por una educación donde el sentimiento de culpa era lo central. Son las personas que han quedado definitivamente marcadas en su libertad interior.
Hay personas que gastan muchísima energía entre en cuestiones que ellos dicen que son de conciencia, pero que realmente no tienen mayor importancia.

¿Tener culpabilidad es malo?
No. Cierto grado de culpabilidad potencia a la persona humana. Muchas veces el sentimiento de culpa lo que hace es hacernos crecer y reaccionar.
Si nos sentimos culpables es porque hemos tenido que vivir procesos de verdad (crisis de autoimagen o de realismo); pero también, porque nuestro corazón mantiene la frescura del deseo, no se resigna a una vida acomodada.
Lo que no es ni bueno ni sano es el estar hundido psíquicamente por una teórica presencia de la culpa.

¿Cuándo la culpa que sentimos no es sana?
- Cuando deseamos alcanzar el ideal buscando cosas "especiales", gestos heroicos o radicalidad sin conexión con mi vida diaria.
- Cuando existe la necesidad y de medir la propia perfección.
- Cuando existe la necesidad de identificarse con modelos ideales buscando comparaciones por cercanía o distancia.
- Cuando existe dificultad para sentir y expresar sentimientos primarios "demasiado humanos" (agresividad, placer, necesidades afectivas).
- Cuando pensamos que los pecados sencillos de todos los días tienen un alcance sobrenatural.
- Cuando siempre estamos intentando moralizar sucesos y acontecimientos que tienen más que ver con los psicológico o con la educación recibida que con otra cosa.
- Cuando se confunde la humildad con la falta de autoestima o el miedo ante los conflictos.
- Cuando sentimos que nos separamos de Dios cuando estamos contra nosotros mismos.
- Cuando complicamos la relación con Dios a base de planes espirituales de perfección.

¿Cuándo la culpa es sana?
- Si somos capaces de sentir sin moralizar ni autojustificarse, sentimientos primarios negativos.
- Cuando valoramos los frutos del proceso a corto y largo plazo, no sólo en referencia a sus metas ideales.
- Cuando se da un proceso de liberación interior, en que se distingue lo esencial de lo relativo, más concretamente, la verdadera culpa de lo que consideramos culpa.
- Cuando la culpa nos deja ver siempre que Dios nos ama y confía en nosotros.