Las dificultades para seguir a Jesús

Mientras estamos en esta vida nunca llegaremos a la plenitud de nada. Muchas veces creemos que quejándonos de van a solucionar los problemas y dificultades pero lo cierto es que los problemas y dificultades sólo se solucionan luchando y superándonos día a día.
San Pablo describe esta falta de perfección absoluta en 1Cor 13,8-13.

Tenemos que tener siempre en cuenta que en todos los niveles de nuestro camino hacia Dios, el enemigo va a perseguirnos y a tentarnos. Y cuando sufrimos intensamente en todos los planos de nuestro ser o permitimos que nos visite un pensamiento de soberbia, dicho enemigo se esfuerza por apartarnos de Dios.

En algunas personas ocurren que han vivido intensamente una vida de seguimiento a Jesús, pero poco a poco se sienten como si Dios le abandonara. Es como si ya no tuviera consuelo su vida. En esos momentos nota a Dios distante, lejano. En estos casos el enemigo excita al alma a la rebelión contra Dios.

El enemigo tiene poder, desde el tiempo de la caída, para infiltrarse en nuestras profundidades, y allí empieza a culpar a Dios de todos los sufrimientos de nuestro mundo, pues este ha sido creado por él. La persona se vuelve obsesiva como una prisión para la mente y para el corazón. El tentador aprovecha para empujar al ser humano al último extremo: hacer todo lo que se opone a Dios.

El enemigo (las situaciones que nos suceden, algunas personas, etc.) nos quiere apartar
de Dios. Algunas acciones del enemigo pueden compararse con un líquido corrosivo sobre una tela, o con un viento cortante, frío, o uno caliente y sofocante. Puede ser que alguna vez estemos protegidos, siquiera en cierto modo, de todos los vientos y, desde nuestro refugio, sólo veamos pasar las nubes o agitarse las ramas de los árboles, de lo que podremos deducir que el viento sopla y que lo hace con fuerza; a pesar de todo, no nos afectará. ¿Sabemos controlar y dirigir nuestros pensamientos que nos rodean? ¿Sabemos parar a tiempo situaciones mentales que nos pueden hacer mucho daño a nuestra vida espiritual?

Las personas que comienzan normalmente no saben hacer este ejercicio del control del pensamiento por la vida espiritual. Les sucede igual que a las personas que no entienden de arte y se meten en una galería de arte o museo y no saben distinguir lo que es valioso de lo que no lo es. Al no saber muchas veces eligen las obras de menos calidad. Si supiesen más de arte se llevarían lo mejor.

“Porque no estamos luchando contra gente de carne y hueso, sino contra malignas fuerzas espirituales que pertenecen más allá del ámbito terrenal, que tienen mando, autoridad y dominio sobre este mundo lleno de oscuridad.” (Efesios 6,12)
Todos estos “espíritus del mal que pertenecen más allá del ámbito terrenal” atacan impetuosamente el corazón que se ha arrepentido ante Dios de su miseria y al espíritu que vigila su situación ante Dios. Estos espíritus penetran descaradamente en nuestro interior y actúan de tal modo que en nosotros se crea la impresión de que los pensamientos y sentimientos sugeridos por ellos son nuestros y nos pertenecen. Hay que tener cuidado de no caer en la trampa. Muchos de los pensamientos que nos quieren alejar de Dios no son producidos por nosotros sino por el mal que tienta nuestra fe. No debemos de caer en la trampa.

Después de cada caída en el pecado en la vida de las personas se queda un eco de las sugestiones demoniacas