Las dificultades en nuestra vida de fe- 2

Lo bueno pasa, lo malo también...
En la vida de fe hay momentos fuertes de pruebas. Pueden que sean pruebas de tipo personal, una especie de lucha contra nosotros mismos, con nuestra manera de ser y contra nuestro pensamiento y sensaciones. Otras veces la laucha es contra las personas que nos rodean en la comunidad. Estamos demasiado pendientes de los otros y poco de nosotros mismos. Es como si la evolución y desarrollo de los demás nos interesara más que el de nosotros mismos...

Lo mejor en estas situaciones es ver estos momentos como oportunidades para la purificación interior. Tenemos que aprender que las cosas que vemos y nos perturban no son para desanimarnos sino para purificarnos de nuestras malas maneras de pensar y actuar con respecto a nosotros mismos y a los demás. Veamos todas esas pruebas como una situación necesaria para madurar en la fe.

Hay preguntas que se hacen los cristianos cuando tienen que pasar por estos momentos de dificultades en la vida de fe:
¿Por qué si yo estoy siguiendo a Jesús, tratando de ser más fiel al Evangelio; me viene todo esto? ¿No tendría que ser al revés?
¿Es ésta la voluntad de Dios: que un trabajo apostólico salga mal, que se dé justo lo contrario a lo que estábamos buscando?

Hay veces que incluso vienen las decepciones. Todos estos momentos de prueba se presentan no solamente para las personas de modo individual, sino también para los grupos. Los momentos de las pruebas llegan a todos.
Hay muchos cristianos que abandonan una vida de fe, incluso una vida comprometida con la fe, cuando les ha llegado un momento de crisis, de dificultad. Podemos decir que es tirar por la borda lo que con tanto esfuerzo y sacrificio fueron llevando a cabo con el paso del tiempo. Claro que algo siempre queda, pero aquello a lo que se renunció no se vuelve a recuperar con mucha facilidad. Es fácil destruir pero difícil construir. Es duro recuperar lo que se arrojó porque nos parecía inservible.

Los momentos de las pruebas que nos invitan al desánimo, a tirar la toalla, a marcharnos. Para los cristianos nos pueden aportar elementos muy importantes:

1.- Saber descubrir en estas situaciones una ocasión de maduración humana y de fe.
2.- Reforzar nuestra esperanza.
3.- Aprender a saber aguantar y aceptar.
4.- Tener la sabiduría de descubrir en medio de todo ello el actuar de Dios.¿Qué me quiere decir Dios con todo lo que me está pasando?

Hay acontecimientos externos que nos pueden descentrar, que me quitan la tranquilidad, que me hacen recapacitar sobre algo profundo en la vida. También otras cosas que yo mismo he provocado con mis decisiones y deseos. Ambas situaciones me pueden dañar grandemente,

En la vida del orante se va dando cuenta que todo no es tan lindo como cuando comenzó. Empiezan las situaciones que en espiritualidad se mencionan como aridez, sequedad, noche oscura...
Las cosas espirituales que antes nos daba mucho gusto ahora nos deja indiferente, aquello por lo que hubiéramos dado hasta la vida, ahora nos parece una tontería. En los momentos de oración viene el hastío, el aburrimiento, el cansancio.
Dice el salmo 29: “Yo pensaba muy seguro: “No vacilaré jamás...” pero escondiste tu rostro, y quedé desconcertado”.