Las dificultades en nuestra vida de fe

Hay muchas situaciones en la vida diaria que se nos presentan como dificultades para nuestro crecimiento de personas orantes. ¿Qué hacer ante estas situaciones? ¿Podemos aprovechar esos momentos para ponerlos a nuestro favor en la vida de fe?

Cuando hablamos de que necesitamos una transformación no nos estamos refiriendo a algo puramente interior, personal; sino algo que se va manifestando en la vida y en las diferentes situaciones en las que nos encontramos.
Muchas veces nos ocurren situaciones que nos llevan a exclamar: “¡Cómo es posible que me haya sucedido esto a mí!” Nos parece que no era posible que a nosotros nos pasara eso, que ese trance no iba a ocurrir en nuestras vidas y sin embargo, se ha hecho presente. Algo se ha roto en nuestro interior frente a las situaciones dolorosas que nos toca vivir, ante las cuales no encontramos una respuesta adecuada y por eso, a veces, hasta llegamos a la rebeldía.

Nos parece que ya éramos más que obedientes a Dios, durante mucho tiempo, que merecíamos un mejor trato por parte de Él., en quien nosotros creemos y al cual servimos.
Puede que tengamos la sensación de que aquellos que viven más lejos las cosas les van mejor que a nosotros...

Hay algunos que empezaron a orar a Dios en silencio y se encontraban muy bien, pensaban que siempre iban a estar en esa situación y que esa felicidad nunca iba a cambiar... Pero poco a poco entran el desierto, en la soledad, comienzan a apagarse las luces y viene la oscuridad. Y entonces muchas cosas empiezan a dar un poco de miedo. Empezamos a sentirnos un poco perdidos; ¿para dónde ir? Nos encontramos desorientados, como los israelitas en el desierto, cuando iban camino de la tierra prometida. Todo les era muy difícil, caminar soñando en una tierra, de la cual sólo habían oído hablar, pero que era un futuro; en el presente lo único que vivían era dolor, muerte, dificultad.

Así comienza a sentirse la persona orante. Por pequeña que haya sido nuestra experiencia de oración podemos comprobar que esto sucede en nuestra vida. Que la tarde comenzó a dejar paso a la noche...

Hay distintas maneras de reaccionar ante esta situación. Algunos se alejan, les parece que no es justo lo que se les viene encima; pero otros quieren seguir adelante. Les da como curiosidad por saber hacia dónde va el camino. Hasta que van descubriendo que no es fácil la travesía, que la noche es dura y larga, a veces demasiado, que el desierto es un tiempo de pruebas; no es un tiempo idílico donde se pase bien, sino un tiempo de tentación y de lucha. Esto se da a todos los niveles: personal, de grupos pastorales, etc.

Esto sucede siempre con personas que se incorporan a la fe. Empiezan con mucho impulso, pero poco a poco se van dando cuenta que “Esto ya no es como antes...” “Al principio que había entrega y nos queríamos todos como hermanos...” pero ahora...
El proceso es que las personas que se incorporan es que en un primer momento quieren traer a muchos miembros nuevos, pero en un segundo momento lo importante no es esto. Lo importante es descubrir la razón de su camino, de saber hacia dónde seguir, descubrir realmente lo que deben hacer.

A estas situaciones se les añade ataques externos. Algunas personas alejadas les dice: “¿Por qué continúas ahí? ¿No te das cuenta que el otro grupo es mejor...?
Viene el tiempo de la prueba, de la duda, de la turbación. Muchos se van. En esta situación la oscuridad ya no es personal, es colectiva.