LO QUE DIOS QUIERE DE TI

Hemos sido creados como personas para madurar y desarrollarnos en todos los aspectos de la vida. Las penas y problemas, las dificultades y alegrías que aparecen en nuestra vida deben ayudarnos a descubrir quienes somos. Tenemos que ir a la esencia de las cosas, al por qué, al origen, a Dios.

El camino de la madurez espiritual pasa por el desierto, la soledad, la frustración, la desesperación y la muerte del yo egoísta y fortalecimiento del verdadero yo. Madurar espiritualmente es hacer un proceso de desierto en todo el sentido espiritual de la palabra. No es fácil ni cómodo, pero es necesario.
Normalmente las personas huyen de este cambio doloroso mientras pueden. A menudo, solamente se da cuenta -si llega a darse cuenta alguna vez- después de un trauma profundo, de un sufrimiento grande, después de algo que solemos llamar mala suerte, pero que para muchos significa la salvación. Madurar espiritualmente no es cómodo ni fácil.

Hay quien opina que está condenado a vivir un periodo de tiempo dolorosamente breve en esta tierra. No se dan cuenta que es precisamente aquí donde tienen la oportunidad de crecer y madurar, aún cuando este proceso vaya acompañado de sufrimientos.

Para ir a la esencia de las cosas, a su origen, a Dios, necesitamos de un proceso lento y fatigoso, pero que merece la pena. Cuando vamos haciendo esta experiencia Dios se nos va mostrando en el camino y las situaciones que nos pasan en la vida.

¿Cómo podemos hacer esta experiencia de ir a Dios mismo?
¿Cómo puede una persona volver a su origen primero en Dios?

La espiritualidad nos ofrece muchos caminos que cada cual tiene que elegir. Para hacer este proceso no podemos huir del mundo que nos rodea. Por muy dolorosa que sean las situaciones que nos toque vivir o sentir tenemos que permanecer sin miedos en la búsqueda de Dios y de nosotros mismos. No tenemos que desanimarnos ni desalentarnos por muy fuerte que sean las tentaciones que tengamos en nuestra vida diaria.

Hay personas que ven como malo TODO lo que existe en el mundo. Es como si todo el mundo fuese malo y corrupto y no quieren reconocer que precisamente es en este mundo donde podemos llevar a cabo la labor de nuestra madurez.

¿Qué podemos hacer para madurar espiritualmente e ir a la esencia de Dios y de nosotros?

- Aprender que Dios camina a nuestro lado pero no hace el camino por nosotros. Cada uno debemos de decidir dejarnos acompañar por Dios.
- Tenemos que conocer a Dios en este mundo. Si nos desarrollamos humanamente nos estaremos desarrollando también espiritualmente.
- El camino de la transformación interior hasta llegar a Dios no lo podemos hacer en solitario. Necesitamos de los demás para compartir con ellos nuestras experiencias del camino hasta Dios.

El mundo no nos ayuda a profundizar en este camino de la vida interior, pero no es una amenaza grave que nos lo impida. Tenemos que ser cristianos en el mundo. El mundo cambia si tú cambias. El camino para cambiar una persona según Dios quiere, el camino de vuelta a Dios, es largo y penoso. Nos enfrenta con nuestras sombras y con el demonio.
El demonio es el símbolo del mal. El mal existe porque está presente también en nosotros, en nuestras intenciones y deseos. Ir a Dios, unirnos con Él es aceptar la salvación en nuestra vida, por ello necesitamos la conversión interior para saber el camino hacia Él.