LA PROFUNDIAD EN LA VIDA DE FE

En todos los aspectos de la vida es muy importante tener una cierta profundidad. Ser personas profundas.
La profundidad es la capacidad que tenemos de conectar con nuestro ser interior, con nuestro yo más íntimo. Si nuestra vida fuese un árbol diríamos que las raíces son la profundidad que ata el árbol a la tierra para evitar que cualquier viento lo arranque de donde está.
Hoy la gente en lugar de profundidad lo que busca es el sentir sensaciones de toda clase, a la gente le gusta "probar" una cosa y otra para sentir nuevas sensaciones que nunca han experimentado.

Tenemos que aprender a ser personas profundas. Dentro de nosotros es donde podemos hacer los descubrimientos más grandes, las conquistas más importantes.

Para la vida espiritual es muy importante dejar que todo ocurra, que todo sea; que todo me ocurra y que yo lo sienta y experimente. Esa es la experiencia de Dios. Tenemos que ser más que hacer. Tenemos que ser más que estar.

Hablamos mucho y tratamos de controlarlo todo en la vida. De este modo no dejamos actuar a Dios porque Él no se pone contra nuestra libertad individual. Cuando queremos tener todo bajo control tanto en nuestra vida como a nuestro alrededor sucede que Dios deja de sorprendernos.
Hay que hacer una esfuerzo no para llegar a Dios sino para captar su presencia en nuestra vida. Yo creo en Dios no porque me esfuerce y lo busque. Lo que tengo que hacer es dejarme encontrar por Dios.
Fallamos muchas veces en nuestra vida de fe porque no creamos las condiciones de habitabilidad para que Dios se haga presente.
Sencillez y profundidad tienen que ir juntas. No se pueden separar.

Dejar hacer a Dios en nuestra vida no es una llamada a la pereza; es la condición para que el Evangelio ocurra, y la vida eterna, en mí.

Tenemos que estar abierto y ser acogedores de verdad y no sólo de boca. Las condiciones para la transformación no están en las palabras; están en el corazón y en el esfuerzo por ser coherentes con nuestra fe y con nuestra amistad con Dios en Cristo.

¿Qué podemos hacer para que Dios actúe cada vez más en mi vida?

- Tenemos que tener una espiritualidad inteligente.
- Aprende a soltar los controles y las seguridades sobre uno mismo.
- Es bueno abandonarse en Dios, vivir en Dios y desde Dios

¿Cómo es la profundidad en la vida de fe?

- El orante se vive pobre y débil.
- Se va despojándose de todo lo que no es Dios.
- Recibe la oración. La oración propiamente no "se hace", es "don" que se "recibe".
- Calla, mira, en silencio a Dios.
- Lo que busca lo tiene "estar" con Dios. "Dios no es un resultado".
- Suelta todo porque su seguridad le viene sólo de Dios.
- Vivencia y experimenta de forma global, de forma difusa, sin detalles ni particularidades.
- Pacíficamente se deja tomar por Dios.
- Deja que le den, recibe. Sabe recibir.
- Se deja poseer por Dios. Se deja "mirar" y se "calla".