SAN QUEJAS, DEVOCIÓN DE ACTUALIDAD

Nunca hemos tenido los seres humanos tantos conocimientos sobre lo íntimo de nuestro ser y los entresijos de nuestros interiores. Nuestros planos y croquis internos de psicología, sociología, moral, etc. se van poco a poco configurando. Es verdad que para realmente conocernos tenemos que acudir a los otros: al profesional, al amigo, muchas veces hasta el enemigo... para que nos expliquen cómo somos y el por qué somos como somos...
Cuando no nos entendemos ni entendemos lo que nos pasa recurrimos los seres humanos a una devoción profana que yo la denomino la devoción a san Quejas.

San Quejas es un santo profano que nos quiere hacer creer que las cosas que nos pasan son siempre motivo más que suficiente para producir una queja. Vemos a las personas devotas de san Quejas todo el día en una dolorida actitud sobre todo y todos lo que le rodean.

Esta devoción está muy arraigada en nuestra sociedad; fíjese usted en cada lugar que visita como la devoción a nuestro santo surge espontáneamente. Si el equipo pierde, la comida se quema, llego tarde al trabajo, o meto la pata en cualquier tema, nuestro santo siempre nos inspira la coartada perfecta o casi, para que sepamos descargar nuestra responsabilidad en el otro...

Los sacerdotes no estamos exentos de esta devoción y por eso tenemos que tener mucho cuidado que nuestra vida diaria y nuestra predicación no sea siempre un homenaje a nuestro santo profano.

La queja constante de un sacerdote nunca edifica a quien le escucha, siempre siembra la torpeza de sus límites. Si uno se queja por la Iglesia actual, por su obispo, por los fieles que les ha tocado... lo que está haciendo simplemente es o bien desahogándose de una situación que le pone nervioso o bien justificando su cobarde fragilidad.

San Quejas tiene muchos, demasiados, devotos. Unos son conscientes y otros no se dan cuenta que la queja siempre no es una puerta que se abre a buscar soluciones. Las quejas son casi siempre lo mismo que nos sucede con la salud. Sabemos el mal que padecemos pero no queremos tratamiento. La manera más cristiana de perder la devoción a san Quejas es fijarse más en el tratamiento que estancarse en la infección que ha producido la queja.

Un cura quejoso es como un evangelio apolillado en el que el paso del tiempo y el sufrimiento de las cosas ha ido borrando determinadas letras que impiden ver las frases completas y sus sentidos. Un evangelio regado con la queja es siempre un evangelio que no crece ni en el corazón de quien lo predica... La queja siempre es estéril y en muchas ocasiones paralizante. Los sacerdotes necesitamos quejarnos menos y hacer más por los demás, e incluso por nosotros mismos, para que san Quejas no sea una de nuestras devociones...

©2007 Mario Santana Bueno