NO SOY ORDENADO PARA MÍ MISMO

Muchos de los sufrimientos de los sacerdotes se debe a la relación con los demás. El sacerdote con frecuencia se encuentra en la parroquia de destino a personas que se dicen cristianas pero están a medio hacer en casi todo, estas situaciones producen en el presbítero muchas alteraciones interiores de todo tipo. Si el párroco no es una persona que tiene bien clara su fe y la meta a la que Jesús le llama, bien poco podrá hacer además de entristecerse y deprimirse...

La vida sacerdotal es una vida para entregarla. Quien piense que ser sacerdote es una subida en el escalafón de la vanidad humana está más que equivocado. El sacerdote no puede ponerse el primero en nada, porque el primero es Cristo, Un sacerdote no existe solamente para su propia santificación, sino para el sacrificio de Cristo, para el Evangelio, para el pueblo y para el mundo. No se pertenece a sí mismo.

El tiempo del seminario es ideal para hacerle ver al aspirante que la vida del sacerdote es una vida entregada en el amor, no en la amargura ni en la nostalgia de dejar lo mejor atrás. Quiero ser sacerdote porque quiero responder a la llamada que sé que me hace feliz. Es tan seria y tan profunda esta opción que temo que si en los seminarios se transmitiese esto con toda la fuerza que tiene, tendríamos menos aspirantes al sacerdocio...

A los sacerdotes la entrega total no nos debe causar miedo porque quien se entrega como Cristo sabe que su vida no es para sí sino para los demás. Quien pretende cambiar el mundo sin cambiarse él primero de seguro no llegará a nada ni a nadie, la insatisfación será su recompensa.

Tengo que vivir el ritmo de Dios en mi tarea pastoral. No puedo planificar mis horarios y mis días si no soy capaz de encontrar al Señor en mis horas. Muchas programaciones fallan en el mismo comienzo ya que están técnicamente llenas de aciertos pero no tienen “alma” , no tienen el alma de Cristo...

Vivir la vida sacerdotal para el llamado es la mejor obra de arte que hay que hacer. Una obra de arte sólo la puede realizar cada artísta, es “su obra” y la obra del Señor en su vida. La soledad en el sacerdote o es una soledad creativa o es una cárcel para su vida. Quien más se entrega a la soledad con el Señor nunca se siente solo. Quien quiere estar solo con el Señor siempre estará dispuesto a compartir su oración, su trabajo, su actividad pastoral con los demás. La soledad del sacerdote siempre está llena de personas en su oración, en su recuerdo, en su preocupación, en sus alegrías...

Como sacerdote tengo claro que la meta de vida no soy yo, la meta de vida es Cristo. Sé que la pretensión es grande pero escucho esa llamada en mi corazón y sé que en la medida en que aprenda a latir como Él seré como Él para mí mismo y para los demás...

©2007 Mario Santana Bueno