Las caídas en el camino de la Fe


Señor, ¿Qué debo hacer cuando caigo una y otra vez?


Vamos a meditar sobre nuestras caídas en el caminar de cristianos. Nuestros cansancios, nuestras desilusiones, nuestros entusiasmos... todo forma parte de la vida de fe que Dios nos ha dado. ¿Cómo vivimos esos momentos en que estamos bajo "mínimos"? ¿Cuando la fe parece que nos ha abandonado? ¿Cuándo el desánimo ha llegado a nuestro más hondo interior?

"Vive siempre descontento del estado de tu alma, si quieres llegar a un estado más perfecto, puesto que cuando te complaces en ti mismo, dejas de progresar. Si dijeras: "Ya basta", "Ya he llegado a la perfección", lo habrías perdido todo." (San Agustín)

"Es mejor cojear por el camino que avanzar a grandes pasos fuera de él. Pues quien cojea en el camino, aunque avance poco, se acerca a la meta, mientras que quien camina fuera del mismo, cuanto más valientemente corre, más se aleja de la meta." (San Agustín)

"No pongas tu dicha y tus delicias en lo que puedas entender o sentir de Dios en la oración sino, sobre todo, en lo que tú no puedes sentir, ni entender... Dios está siempre escondido y es difícil de encontrarle. Permanece así sirviéndole escondido, en lo secreto, incluso cuando creas encontrarle, sentirle o entenderle. Cuanto menos lo comprendas, más cerca estás de Él. " (San Juan de la Cruz).


Después de la caída

Después de la caída quién sana
las profundas heridas que quedan
será el que te condena
o aquel que viene a ayudar.

Después de una caída ¿quién queda?
¿Si los que compartieron tus ideas
o los que de mil maneras te vienen a acusar?

Después de una caída te das cuenta
que son pocos los que muestran
lo que un día recibieron:
la virtud de perdonar.

Después de la caída solo queda Alguien
que no sólo disfruta de tu bienestar,
que no sólo aparece cuando todo es fiesta,
Él va contigo al paso que puedas andar,
que aun cuando los tuyos te han abandonado
y apuntan con el dedo para señalar,
Jesús, sin comentarios no arrojó la piedra, no,
dejándola en el suelo te dio libertad.

Quien somos para estar condenado
si nuestra condición nos delata
que somos imperfectos;propensos a fallar.

Porqué tomar el juicio en nuestras manos
actuando bajo nuestra conveniencia
nos ciega la apariencia y juzgamos sin piedad.

Si vamos a la cruz vemos el cuadro
del que fue crucificado entregando allí su vida
para el hombre perdonar.



No te rindas

Ya que emprendimos el camino a la batalla
nunca debemos detenernos a tantas trampas
que siempre pone el enemigo en el camino
para quitarnos el deseo más querido.

Hay que tener gran valentía y sentimientos
y un corazón lleno de amor, lleno de paz
para decirle a tanta gente que se pierde
que sólo Dios le puede dar lo que hoy no tienen.

Hay tanta gente que se pierde sin saber
que hay una fuente de esperanza y nueva vida
que fue encarnada para morir por sus pecados
en una cuz donde allí fue crucificado.

Allí murió por ti y por mí frente a aquel pueblo
que le injuriaba y castigaba sin piedad
y por sus labios transitaron unas palabras
que fueron muestra de amor y gran bondad.

No te rindas aunque sientas que tu vida se te acaba y aunque digan que tu vida no está en nada,
sigue en pie y caminando, no te rindas.

No te rindas porque al final de esta batalla tú tendrás
una corona y una vida eterna para siempre jamás.

Sigue adelante caminando sigue en pos,
con paso firme caminando sin temor,
que aunque adelante habrán tropiezos alrededor
pon tu confianza en las manos del Señor;
en los momentos de dolor te sostendrá,
te ayudará si te sientes desmayar.
y si el camino oscuro está allí
Él estará y con su luz te alumbrará.


("Después de la caída" y "No te rindas" son textos de canciones de René González).

©Buzón Católico.