U2 grupo de rock irlandés

Bono:
«No son nuestras buenas obras las que nos abren las puertas del cielo, sino la gracia de Cristo»

El carismático líder de la banda irlandesa U2 da testimonio de su sólida fe en «Amar y misericordia», un libro de conversaciones Resulta atípico hoy en día que una gran estrella de rock hable de perdón y misericordia frente al terrorismo, o de la influencia real de Jesucristo en su vida. Sin embargo, para el cantante Bono es algo natural. Estas son sus palabras.

Bono fue portada de la revista «Time» en marzo de 2002 gracias a su constante labor y empeño en la abolición de la deuda de los países pobres, la prevención del sida y el establecimiento de un comercio más justo. Por esta causa se ha entrevistado con todos los poderosos del mundo y es desde hace unos años firme candidato al premio Nobel de la Paz.


MAR VELASCO

Madrid. La noticia saltó hace unos días, cuando salieron a la luz alguno de los párrafos de las conversaciones que el periodista Michka Assayas ha mantenido a lo largo de dos años con Bono, el líder de la banda irlandesa U2. Alguna de estas conversaciones, publicadas recientemente en el libro «Bono on Bono», son toda una declaración de principios. En el capítulo «Hablemos también de eternidad », el cantante, que siempre se ha proclamado católico, da testimonio de su fe y descubre anécdotas y reflexiones sobre la Iglesia, la familia o el terrorismo.


El 11 M y el perdón.
La primera sorpresa la reserva el comienzo del capítulo: Michka Assayas, periodista agnóstico, describe cómo se acaba de enterar del atentado del 11 M en Madrid. Bono también ha oído la noticia: «Lo he oído en la radio, y he visto las imágenes cuando he salido del estudio. Atroz. No dejo de pensar en la canción “Love and mercy” (Amor y misericordia) de Brian Wilson. Exactamente los dos sentimientos que los terroristas quieren destruir», se lamenta. Bono recuerda también el día del 11 S, cómo su concierto en el Madison Square Garden poco después del atentado fue «un evento trascendente », y cómo le habría gustado escribir una obra de teatro sobre «cómo un irlandés podía matar a otro irlandés a sangre fría. Le daba vueltas constantemente a lo que Hannah Arendt llama la banalidad del mal. Me preguntaba cómo es posible», reflexiona.


Amor que transforma.
«Un hombre espiritualmente abierto es mucho más vulnerable y manipulable que un escéptico », afirma Bono. «El instinto religioso es muy puro, pero si no va acompañado de un gran rigor, es muy difícil de controlar. (...) Yo entiendo las Escrituras concentrándome en Cristo. Él nos enseña que Dios es amor. ¿Qué quiere decir esto? En su caso, el amor ha sido revelado a través de su nacimiento en una extrema pobreza, en una condición vulnerable, indigna. Creo que Dios es el amor con mayúsculas, y por tanto, si consigo transformarme y vivir en ese amor, entonces, habré encontrado mi religión. Cuando las cosas se ponen difíciles, intento vivir en ese amor que se me pide. Y en este momento, sinceramente, (por el 11 M) no es fácil hacerlo», reconoce. Bono prosigue con su visión del Evangelio: «No tengo una visión hippy de Cristo. Los evangelios hablan de un amor que pretende mucho y que a veces divide mucho, pero siempre es amor. Con el Jesús del Nuevo Testamento se puede establecer una relación de igual a igual, mientras que la relación del Antiguo Testamento con Dios es una relación jerárquica. La cruz de Cristo asume en sí estas dos cosas», afirma el cantante con convicción.


Cuando Dios sale de escena.
«La religión puede ser enemiga de Dios. Pero eso ocurre a menudo, cuando Dios sale de la escena, y nacen una serie de reglas donde un tiempo hubo convicción, el dogma que sustituye a la espontaneidad, una congregación y un líder cuando antes era guiada por el Espíritu», sostiene. Assayas hace una inmediata alusión al Vaticano y Bono replica: «Hay que intentar no ser demasiado duros con la Iglesia de Roma. La Iglesia tiene sus problemas, pero cuanto mayor me hago, más me conforta. Me gusta, además, la experiencia física de pertenecer a una multitud de gente humilde que reza con la cabeza baja. Y después está la iconografía, las vidrieras, los colores litúrgicos, el aroma del incienso...». Hay un silencio, tras el que Assayas le reprocha «no ser crítico» con la Iglesia. Bono se suma a la lista de «disidentes» en materia de moral sexual, aunque añade una reflexión atípica para los tiempos que corren: «Soy crítico con la Iglesia de Roma especialmente en el tema de la contracepción. Pero cuando das con gente como sor Benedicto y ves su trabajo en Addis Abeba con los niños huérfanos de sida, o el de sor Anna en Malawi, o del padre Jack Fenukan y su gente en África cuando conoces curas y monjas que se desviven por los enfermos y los pobres, renunciando a una vida mucho más cómoda, créeme que te sientes muy cerca de sus ideales», afirma.


El amor, un desafío.
Para Bono, el amor es un auténtico desafío: «Los fundamentalistas no aman el mundo. Están solo de paso, en espera de alcanzar el otro mundo. Es un argumento clásico: “Sufre aquí y allá recibirás recompensa”. Y sin embargo, yo pienso en las palabras de Cristo: “Así el Cielo como en la Tierra”. Cuando uno va envejeciendo, se tienen menos posibilidades de cambiar la propia vida y se está menos dispuesto a ver el amor también como un desafío, se tiende a buscar un amor más seguro, más cómodo». Bono reflexiona también sobre la poderosa diferencia que él encuentra entre el catolicismo y las demás religiones: «Estoy sinceramente convencido de que hemos salido del reino del “karma” para entrar en el de la gracia», sostiene. «En el centro de todas las religiones está la idea del “karma”. Ya sabes, todo lo que haces te vuelve a ti; ojo por ojo, diente por diente, o en física –en las leyes físicas– cada acción encuentra otra igual u opuesta. Entonces llega esta idea llamada “gracia” que acaba con todo esto», explica.


Cuando la gracia supera al karma.
«
El amor interrumpe las consecuencias de tus acciones, lo que en mi caso realmente son buenas noticias porque yo he hecho muchas estupideces en esta vida. Pero tendría serios problemas si finalmente el “karma” fuese mi juez. No es que
excuse mis errores, pero yo me acojo a la gracia. Me acojo a que Jesús tomó mis pecados sobre la cruz, porque yo sé quien soy y espero no tener que depender de mi propia religiosidad. El sentido de la muerte de Cristo es que Él tomó los pecados del mundo, de modo que lo que soltamos no vuelva a nosotros rebotado, y que nuestra naturaleza pecadora no coseche la muerte obvia. No son nuestras buenas obras lo que nos abren las puertas del cielo», afirma con convicción. La réplica de Michka Assayas es inmediata: «Una esperanza tan grande es maravillosa, aunque esté cercana a la demencia, en mi opinión», responde. «Cristo tiene su lugar entre los grandes pensadores del mundo. Pero, eso de “Hijo de Dios” ¿...no es difícil de creer?», le pregunta. «Verás, la respuesta laica a la historia del Cristo siempre dice algo así: “Era un gran profeta, obviamente un tipo muy interesante, tenía mucho que decir, en la línea de otros profetas, sean Elías, Mahoma, Buda o Confucio”. Pero la realidad es que Cristo no te permite decir esto. No te deja salir por ahí. Cristo dice: no, yo no digo “soy un maestro”, no me llaméis maestro. Ni estoy diciendo “soy un profeta, sino: “Soy el Mesías”. “Yo soy Dios encarnado”. Y la gente dice: “Por Dios, mira, intenta ser sólo un profeta. Un profeta es algo aceptable. Sólo eres un poco excéntrico- ¡Si ya estaba Juan el Bautista, que comía hierbas y saltamontes! Pero por favor, no digas esa palabra con la M…” .Y Cristo responde: “Sé que esperáis que vuelva con un ejército para liberaros del mal, pero lo siento, soy de verdad el Mesías”.


La locura de creer en Cristo.
“Así que lo que te queda es que, o Cristo era quien decía que era –el Mesías- o era un completo chiflado, tipo Charles Manson, o como los de los explosivos, que se puso una tira en la frente que decía “rey de los judíos” y subió a la cruz buscando el martirio… No bromeo, Michka. La idea de que el curso de la civilización ha cambiado, que se ha vuelto del revés, debido a un chiflado… para mí, eso sí que es difícil de creer”, sostiene.

«¡Pero no ha sido el único en proclamarse Mesías!», replica Assayas. «Sí, pero los demás no han cambiado el curso de nada», responde Bono. «Cuando miro a la cruz de Cristo, veo todas mis estupideces, y también las de los demás. “¿Quién era este hombre?”, me pregunto. ¿Era quien decía ser, o era solo un loco? Creo que de momento, es una pregunta a la que nadie podrá responder... », concluye, sorprendiendo al agnóstico Michka Assayas con toda una declaración de fe.



La foto del Papa que nunca se vio

Bono recuerda su encuentro con Juan Pablo II: «Estaba con más gente, Jeff Sachs, el famoso economista, Bob Geldof, Quince Jones, que es un hombre extremadamente serio, pero que no dejaba de susurrarme “¿has visto los zapatos del Papa?”; un par de zapatillas rojo oscuro. “Son pantufas extravagantes”, comentó el Papa. Hubo alguna risa nerviosa, pero todos sabíamos por qué estábamos allí. El Pontífice estaba a punto de hacer una importante declaración sobre la condonación de la deuda a los países pobres. El Papa libraba entonces su dura batalla contra el mal del parkinson, aquel era claramente un acto de voluntad. Me quedé conmovido por su humildad, por el discurso que apenas susurró. Al principio me parecía que me estaba mirando. “Quizá es por las gafas de sol azules que llevo”, pensé. Y me las quité, porque no quería resultar ofensivo. Cuando me lo presentaron, el Santo Padre seguía mirándome las gafas, así que se las regalé, como agradecimiento al rosario que me acababa de dar (y que todavía lleva al cuello). ¡Y no solo se las puso, sino que añadió una expresión maliciosa que jamás habría imaginado! Era un comediante. Tenía un grandísimo sentido del humor. Los flashes comenzaron a brillar y yo pensé: “¡Dios mío, mañana estará en todas las páginas de los periódicos la foto del Papa con mis gafas..!” Y sin embargo, no fue así. Por lo que parece, los colaboradores del Pontífice tenían menos sentido del humor que él... Claro que, es comprensible”. Bono concluye la anécdota con una reflexión: «Sin el apoyo del Papa y el de su brazo derecho en este tipo de cuestiones, Diurmuid Martin, –un arzobispo irlandés– no habríamos conseguido jamás nuestro objetivo. La cosa no se quedó sólo en las buenas palabras pronunciadas aquel día: el gesto se acompañó de hechos. Aquellas fueron palabras tácticas y estratégicas que abrieron unas puertas que sin la ayuda de la Iglesia habría encontrado cerradas», recuerda.


(Publicado en el periódico LA RAZÓN, el 12 de octubre de 2005)