¿Es necesaria la purificación interior?

Una de las primeras cosas que nos preguntamos es esto: ¿Realmente es necesaria la purificación de la persona? Pero aún admitiendo su necesidad ¿no se podría realizar de otra manera? Es que tener que pasar por el sufrimiento, por el desierto, por la oscuridad, por el silencio, por el no tener que oír más que la propia voz muchas veces, es una tarea muy dolorosa, muy costosa.

Para saber si realmente nuestra imagen de Dios coincide con el que nos presenta Jesús, tenemos varios criterios. Ahora nos vamos a detener en el CRECIMIENTO DE LA FE. El verdadero creyente no vive el infantilismo, aunque sí puede seguir la infancia espiritual.

La infancia espiritual no significa permanecer como niños en la fe, sino que requiere ser adultos y tener una madurez grande. Cuando veamos a personas que confían plenamente en Dios, no podemos pensar que son seguidoras de un ídolo al que han dado todo, incluida su voluntad. Sino que han logrado una altura espiritual como de gigante, expresión que encontramos en Santa Teresa de Jesús. Y vemos cómo no sólo hay en ellas un crecimiento en lo espiritual, sino también en lo humano.

El mundo actual necesita de una verdadera purificación de las imágenes falsas de Dios, de esos ídolos a los cuales han elevado a categoría divina.
Muchas veces en la Biblia encontramos ídolos a los cuales se sacrifica todo, incluida la vida de muchas personas, y no tenían nada que ver con el auténtico Dios de Jesús. Y también hoy en día aparecen algunos ídolos que ocupan el lugar del auténtico dios, solamente por mencionar algunos señalamos: eficacia, orden, mercado, placer...

Nuestro mundo se ha alejado de Dios por los caminos que llevan a la oscuridad que en este caso es la ausencia de Dios.

Para no caer en la ausencia de Dios tenemos que ir no sólo eliminando lo que nos aparta de Dios, sino también las raíces que lo provocan. De nada sirve eliminar ramas, o inclusive cortar troncos, si no se cortan las raíces, tarde o temprano volverán a rebrotar las antiguas inclinaciones al mal y al final es esfuerzo realizado no sirvió de mucho.

Junto a esta lucha por superar el mal, el pecado, también hay que crecer en lo positivo, en los valores que nos muestra el Evangelio, y llenar de su sentido nuestro interior. Se trata de ir sacando de nuestro interior todo lo negativo, pero a la vez poniendo elementos positivos que vayan llenando ese vacío. El trabajo es lento, pero al final da mucho fruto. Tenemos que trabajar por el crecimiento en todo lo positivo, comenzando por el amor.

Nuestra naturaleza humana, inclinada hacia el mal, hacia el pecado, hacia sus gustos, necesita una educación, una orientación hacia un proyecto que merezca la pena, en este caso el proyecto de Jesús, que nos da vida, pero al que no se puede llegar si no hay por nuestra parte esa renuncia hacia lo negativo.

No podemos ser plenamente personas mientras nos dejemos llevar de lo cómodo, de lo que sólo nos da placer, y no meremos en otra dirección. Aunque a veces esto implique dolor y renuncia.

Cualquier persona, ya no solamente quienes se meten en el camino de la oración como venimos hablando, sino aquellos que quieren hacer de su vida un bien para los demás, deben luchar mucho para poder lograr ese objetivo.