" Procuren conocer a fondo la Iglesia, conózcanla mejor. No se contenten con impresiones superficiales, no juzguen a la Iglesia únicamente por su faz humana y por su aspecto exterior; conozcan su variedad, su riqueza, la profundidad de sus múltiples aspectos, el misterio humano-divino de su interior, la santidad y la necesidad de su misión salvadora.

Que los defectos, que los fallos de la Iglesia, si por desgracia los encuentran, que no apaguen, sino que enciendan más su amor por ella. Les repetimos las palabras de Cristo: "Bienaventurado el que no se escandaliza en mí" (Mt 11,6), sino que está dispuesto a brindar a la Iglesia una fidelidad, un testimonio y unos servicios tanto mayores cuanto más grandes sean las necesidades que ella manifieste."

(Pablo VI. Audiencia. L.O., 11 de agosto de 1966)