La Genética, que es una rama del conocimiento muy joven; aunque sus comienzos datan del 1000 A.C., se podría decir que realmente empezó cuando Gregor Mendel (nacido el 22 de julio de 1822 en Heinzendford, Austria), un modesto fraile agustino que presenta en 1865 su trabajo de investigación a la Sociedad de Historia Natural de Brün, con el título de "Híbridos en plantas".

Los científicos de ésa época no comprendieron esta publicación debido a su complejo tratamiento matemático, y fue hasta después de 35 años que otros científicos valoraron su importancia. Entonces ya se conocía el hecho de que todos los seres vivos estaban formados por células y que en ellas se encontraban unas estructuras denominadas cromosomas.

En la primera mitad del siglo XIX se suponía que si las formas alternativas de un carácter se cruzaban genéticamente, el resultado sería una combinación de todas ellas. Así, si hipotéticamente y en términos de herencia se mezclasen el gris y el negro, se obtendría necesariamente un color gris oscuro. Mendel fue el primero en demostrar que la herencia por combinación no tiene lugar y que los caracteres permanecen diferenciales e intactos.

Los experimentos que condujeron a su descubrimiento de los principios básicos de las leyes de la herencia y, consiguientemente, a la fundación de la genética como rama de la ciencia se iniciaron en 1856.

Para la enunciación de sus leyes, Mendel llevó a cabo una serie de cruzamientos con guisantes durante generaciones sucesivas y se dedicó a la observación de determinados caracteres aparentes, como la rugosidad de la piel o el color amarillo o verde.
Leyes de Mendel.

Se formularon en 1865. Mendel descubrió al experimentar con siete características distintas de variedades puras de guisantes o chícharos de jardín, que al cruzar una variedad de tallo alto con otra de tallo enano, por ejemplo, se obtenían descendientes híbridos. Estos se parecían más a los ascendientes de tallo alto que a ejemplares de tamaño mediano. Para explicarlo, Mendel concibió la idea de unas unidades hereditarias, que en la actualidad llamamos genes, los cuales expresan, a menudo, caracteres dominantes o recesivos.

La primera ley conocida como la de la uniformidad, afirma que cuando se cruzan dos individuos de idéntica especie correspondientes a dos líneas puras y que difieren en el aspecto que presenta un mismo carácter, los descendientes muestran una homogeneidad en la característica estudiada y todos heredan el carácter de uno de los progenitores (factor dominante), mientras que el del otro parece haberse perdido, o bien presentan un rasgo intermedio entre los dos de los padres. Se dice en este último caso que hay codominancia.

La segunda ley, denominada de la segregación, demuestra que los factores hereditarios (genes) constituyeran unidades independientes que pasan de una generación a otra sin sufrir alteración alguna. Al cruzar entre sí los descendientes obtenidos de la reproducción de dos líneas puras, observa que el carácter recesivo, que no se manifestaba, transmitido por uno de los progenitores, se hace patente en la segunda generación filial en la proporción de 1/4; el carácter dominante se da ahora en las 3/4 partes de los descendientes. Cada pareja de genes que determinan el carácter estudiado y que se hallan presentes en un determinado individuo se separan, por lo tanto, al formarse las células reproductoras, y se combinan al azar.

La tercera ley, llamada de la transmisión independiente, afirma que cada carácter se hereda con independencia de los restantes caracteres. Para llegar a esta conclusión, Mendel cruzó plantas que diferían en dos caracteres (dihíbridos), y cuyo genotipo era, por ejemplo, Aa Bb. Al formarse las células reproductoras, se originaron cuatro tipos distintos: AB, Ab, aB y ab, que se combinaron de todas formas posibles con los mismos tipos del otro individuo. En total se obtienen 16 genotipos posibles.

Las leyes mendelianas se cumplen en todos los seres vivos dotados de reproducción sexual y en los que se forman células reproductoras especiales.