Con mucha frecuencia el ser humano no se conoce a sí mismo. Víctima de la negligencia y de la improvisación, alardea de sus carencias y desespera de sus posibilidades. Sólo en la prueba, cuando se da un cuestionamiento urgente, logra conocer la verdad sobre sí mismo.

¡Cuántas riquezas posee el hombre en su interior! Pero, ¿de qué le sirven, si no explora e investiga?

(San Agustín)