Oh Dios, crea en mí un corazón puro, renuévame por dentro con espíritu firme; no me arrojes lejos de tu rostro, no me quites tu santo espíritu. (Salmo 50, 12-13)

El hombre, con su propia inteligencia, no capta las cosas del Espíritu, le parecen necedad; no es capaz de percibirlas, porque sólo se pueden captar con el criterio del Espíritu. (1 Cor 2,14)

Guárdame, Dios mío, que me refugio en Ti. Yo digo al Señor: Tú eres mi Señor, mi bien, nada hay fuera de Ti. (Salmo 15, 1-2)

Caminaré en presencia del Señor en el país de la vida (Salmo 16,9)

Jesús respondió: En verdad, en verdad te digo: El que no nazca de lo alto, no puede ver el reino de Dios. (Jn 3,3)

Quiero conocer a Cristo; quiero probar el poder de su resurrección y tener parte en sus sufrimientos, hasta ser semejante a Él en su muerte y alcanzar, Dios lo quiera, la resurrección de los muertos. (Flp 3, 10-11)

Sea el Señor tu delicia, Él te dará lo que pide tu corazón. Encomienda tu camino al Señor, confía en Él y Él actuará. Descansa en el Señor y espera en Él; los que esperan en el Señor poseerán la tierra. El Señor asegura los pasos del hombre. Se complace en sus caminos: si tropieza, no caerá, porque el Señor lo tiene de la mano. Confía en el Señor, sigue su camino. (Salmo 36)

Miren el amor que nos ha tenido el Padre para llamarnos hijos de Dios, pues ¡ lo somos ! Queridos, ahora somos hijos de Dios, y aún no se ha manifestado lo que seremos. Sabemos que, cuando se manifieste, seremos semejantes a Él, porque le veremos tal cual es. (1 Jn 3, 1-2)

Yo soy la luz del mundo: el que me siga no caminará en la oscuridad, sino que tendrá la luz de la vida. (Jn 8,12)

Vengan, subamos al monte del Señor, a la casa del Dios de Jacob: Él nos instruirá en sus caminos y marcharemos por sus sendas. (Is 2, 3)

Me buscarán y me encontrarán, si me buscan de todo corazón. (Jer 29,13)

El Señor te bendiga y te guarde; ilumine su rostro sobre ti, y te conceda su misericordia; el Señor te muestre su rostro y te conceda la paz. (Núm 6, 24-26)

Yo dormía, pero mi corazón velaba. ( Cant 5, 2 )

Por el bautismo fuimos sepultados con Cristo en la muerte, para que, así como Cristo fue resucitado de entre los muertos por la gloria del Padre, así también nosotros andemos en una vida nueva. (Tit 3, 5-7)

Dios nuestro, dirige Tú nuestro corazón hacia Ti. (1 Crón 29,18).