SEXO

Vamos a desempolvar una palabra tabú: el sexo. La hemos desterrado de nuestra oración, para que se ocupe de ella la pornografía.
Pero el sexo polariza todo el misterio del hombre: Es tan fascinante que puede convertirse en ídolo, tan potente que puede desencadenar la destrucción.
Nuestra sociedad supererotizada ha degradado el sexo, lo ha rebajado al nivel de lo simplemente animal. Y en el hombre, también el sexo es humano...
Dios creador, te damos gracias por el sexo, por esta división que aglutina, por este cebo del amor.
No podemos ser renegados del sexo; no podemos despreciar el motor de la vida. Pero, porque lo amamos, queremos respetarlo, como se respetan tus grandes sacramentos, Señor.
En el sexo has puesto los resortes más misteriosos del hombre; en él se cruzan la belleza, el amor, y la persona.
Señor, no permitas que profanemos esta fuerza de vida, esta potencia sobrecogedora que nos aterra. Porque el sexo que anuda la familia, también puede ser un explosivo de odio y bestialidad.
No permitas que nunca separemos el sexo y el amor. El sexo no es todo amor. Si éste falta, el sexo es solo un instinto animal. Cuando el sexo no expresa el amor es rutinario y aberrante, no es más que una descarga nerviosa.

Luis Espinal, sj.
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