PAZ

Todos hablamos de paz; pero la paz no viene. No lo queremos confesar, pero en lo íntimo preferimos la guerra.
El sensacionalismo de nuestros periódicos es para la guerra y la violencia. Nuestras plazas tienen monumentos a los autores de grandes matanzas.
Ya en la escuela, enseñamos a los niños a identificar la guerra y la Patria. Nuestras glorias están cargadas de sangre...
Señor de la vida, enséñanos a trabajar para la paz, y no para la discordia; la paz, por supuesto, basada en la justicia.
Y no se nos llega a ocurrir ofrecerte nuestras armas; como si Tú tuvieses también bendición para la guerra. Tú tan sólo nos hablas de paz y de amar a nuestros enemigos.
No hay nada que justifique la guerra. Se han acabado ya las guerras santas y las cruzadas; fueron solamente un fraude. Ningún ideal puede exigir centenares de cadáveres. El espíritu no tiene nada que ver con las balas.
¡Señor, haznos aborrecer la retórica del armamentismo y de los desfiles, así como evitamos la propaganda a favor de la criminalidad!
Que prefiramos el diálogo humano, a las amenazas, a la represión y a las matanzas.
Haz, Señor, que caigamos en la cuenta de que la violencia es demasiado trágica para utilizarla alegremente, como por juego.
Y a los profesionales de las armas y de la guerra hazles hallar un oficio mejor; porque Tú, Príncipe de la Paz, odias la muerte.

Luis Espinal, sj.
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