NIÑOS ABANDONADOS

Ahora, nos acordamos de los niños destrozados, víctimas inocentes del pecado de los mayores.
Ante todo, están los niños escamoteados a la vida, asesinados prematuramente, por ser testigos inoportunos de unos amores que no fueron amor.
Pensamos en la noche de los niños sin hogar, lanzados a un mundo hostil e inmisericorde.
Los niños que buscan en los basurales; los que no tienen escuela; los que no han conocido la sonrisa de una madre...
Señor que has querido hacerte niño e hijo de los hombres, te pedimos por los niños destrozados; los hijos de hogares anormales; los hijos del hambre y de la guerra.
Acuérdate de los huérfanos, anémicos de cariño, aun más que por falta de pan. Bendice a los pequeños tolerados, aquellos que no han sido esperados con ilusión.
Señor, te pedimos por los niños sin infancia, criados en la tristeza y en la sordidez.
Nos horroriza el recuerdo de estos niños famélicos, de vientre abultado y miembros como cañas. A ellos les falta un alimento y un cariño que les sobra a tantos perros en hogares que se creen cristianos.
Te pedimos por los niños de los orfanatos, preventorios y asilos; por todos los que viven en estas granjas de niños.
No permitas, Señor, que aumente el número de niños partidos por el divorcio de sus padres, y los nacidos en un hogar anormal.
Acuérdate de estos niños de las zonas campesinas que mueren por falta de asistencia médica; danos la inquietud de construir para ellos una sociedad más justa, un mundo en el que sobrevivir no sea sólo un azar.

Luis Espinal, sj.
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