Pertenezco a una generación que ha edificado ídolos
y que ha sido capaz de desencartarse de lo que había creado.

Pertenezco a la generación de las tesis.
Generación abocada a los altavoces, a los discursos,
a los mítines y a las reivindicaciones,
a las flores, a los pelos largos y a las ideas cortas,
a la aparición masiva de los medios de comunicación
y a la terrible mortaja de la incomunicación.

Pertenezco, oh Señor,
a la generación de las revoluciones,
de las contrarrevoluciones,
de aquello que anhelamos,
de lo que anhelamos todavía hoy...

Soy, Señor, de la encantadora generación de los desencantados...

Ayúdame a seguirte y no me abandones a mi propia suerte.

(Mario Santana Bueno)