MEDIOCRIDAD

Nos cuesta aceptar la experiencia de nuestra limitación: cuando se nos agota el amor, cuando no podemos más, al descubrir nuestro miedo ante la decisión.
Dudamos de nuestro amor, de nuestra fe. Nuestra vida es tan gris, tiene tan pocas apariencias de ilusión...
Y ahora estamos cansados y huecos. Hemos empezado demasiadas veces, y siempre ha sido igual. Ante esta experiencia de nuestra mediocridad, sentimos lo que somos ante Dios... Señor, nos hallamos ante Ti con las manos vacías, balbuceándote algo incoherente.
Miramos nuestra vida, y es sólo un arsenal de palabras, de tiempo quemado en vano. El egoísmo lo ha manchado todo; la atmósfera está asfixiante de omisión.
Pero, Tú no nos dejes esquivar nuestras responsabilidades. Llévanos a la lucha a empelllones, aunque no queramos; Tú sabes que la carne es débil.
Pero no nos rebelamos al sentirnos vacíos; abrimos este hueco para recibirte a Ti. Nuestra flaqueza que nos haga comprensivos con la debilidad de todos. Ahora, te ofrecemos este cansancio por aquellos que están más cansados que nosotros, porque no tienen ni fe. Te ofrecemos este vacío por los que tienen la última ilusión ya podrida.
En este momento, en cada momento, alguien muere, alguien blasfema, una inocencia es atropellada, una persona se suicida...
Y nosotros estamos pasivos, sobre las ruinas del mundo, preocupados por un botón. ¿Cómo vamos a transformar el mundo con fuerzas tan exiguas? Señor, échanos Tú la bendición.

Luis Espinal, sj.
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