LOS QUE SUFREN

La noche es siempre más opaca para los que sufren.
Todos los hombres son hermanos nuestros, y no podemos olvidarlos tanto hasta ni siquiera padecer por ellos.
La experiencia del dolor y su recuerdo dulcifica nuestra postura ante los demás. Y en el mundo hay mucho dolor, aunque de ordinario sea vergonzoso, y se lo oculte...
Te pedimos, Señor, por los hombres frustrados, por los abortos de la sociedad que viven en las cárceles y asilos. Danos comprensión hacia ellos; su estado no indica que sean peores que nosotros. También ellos poseen esta maravilla inaudita de ser personas y poder amar.
Que no sean una pasión inútil, que hallen también un puesto en la vida y en tu eternidad. Consérvales la libertad y la alegría interior, el reducto inexpugnable de la persona.
También te pedimos por tus pobres, a los que Tú llamaste felices. Da la verdadera felicidad a los que, como Tú, no tienen casa, no tienen pan, han de emigrar.
Que nos repugne ser comensales satisfechos, cuando tantos no tienen más que migajas. Que trabajemos para cambiar este mundo injusto, que no refleja tu bondad.
Te pedimos por los que han equivocado el camino, y buscan la felicidad en el placer y en el absurdo; llámales con la voz del desengaño, pero líbrales de la desesperación.
También te pedimos por los náufragos de la vida. Por las muchachas que han hecho de la venta de su cuerpo una profesión. Recupera, Señor, estas tus imágenes dolientes, y redímelas con un amor verdadero.
Y a nosotros, Señor, haznos agradecidos por los que nos has dado de balde, para que lo convirtamos en amor.

Luis Espinal, sj.
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