LAS HERIDAS DEL MUNDO

Padre,
no puedo apartar la mirada,
no quiero apartar la mirada,
de las muchas heridas que sufre nuestro mundo.

Son tantas, y tan conocidas,
que puedo llegar a acostumbrarme,
a considerarlas como algo normal.
No permitas que me acostumbre, Padre.

Los que se matan unos a otros en las guerras,
y los que por causa de las guerras
tienen la vida destrozada.

Los que pasan hambre y viven en la pobreza,
aquí junto a nosotros,
y los países en los que la inmensa mayoría
no tiene lo mínimo necesario.

Los hombres y mujeres maltratados y discriminados
por el color de su piel, por su origen,
o por sus ideas.

Padre, te pido por las heridas de nuestro mundo.
¡Todo podría ser tan distinto!
Ojalá los que tienen mayores responsabilidades
en todos estos males
cambiasen su forma de pensar y de actuar.

Y ojalá nosotros cambiásemos también
y fuésemos más abiertos,
y estuviésemos más dispuestos
a vivir un poco menos bien.

Padre,
te pido por las heridas de nuestro mundo.