IMPOTENCIA

¡Qué impotente es nuestro amor, aunque sea lo más fuerte que poseemos!
En vano nos esforzamos por salvar la vida de una persona querida; inútilmente intentamos comprender una intimidad; daríamos nuestra vida por suprimir la injusticia que impera en el mundo. Pero no podemos.
Es desesperante tener sólo palabras para el dolor de los demás; preferimos el silencio; y el silencio es todo lo que tenemos ante una persona que se juega la vida.
Tenemos que dejar a las personas que sufran solas; hay que quedarse fuera; porque no podemos arrancarles un girón de dolor, y soportarlo por ellos.
Jesucristo, nos da asco nuestro amor. Parece sólo un sentimiento inútil, la resonancia de nuestro egoísmo.
Haz algo, Señor, sólo tu Amor es omnipotencia. Injerta tu energía en nuestro amor; y transforma en creación nuestra impotente sensibilidad.
Y aunque pudiéramos, aunque tuviésemos un amor de acero, ¿cómo lo aplicaríamos?
Cuántas veces nuestro amor ha devastado a las personas que queríamos. Hemos mimado a un hijo, y hemos hecho de él un parásito social.
Estamos en la noche, y nuestro amor impotente es peligroso. Nos da miedo este amor que arranca los ojos, cuando sólo quería besar.
Señor, da clarividencia a nuestro amor. Nosotros amamos a ciegas, y muchas veces quebramos a los seres que queremos.
Da fuerza a nuestro amor, para que no se quede en placer y sentimiento, sino que sea tan fuerte que pueda levantar los montes.

Luis Espinal, sj.
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