FUTURO

Se nos hace duro vivir a sorbos, desmenuzados por la temporalidad. El tiempo es un tesoro de moneditas, pero jamás las poseemos juntas.
No poseemos ni siquiera nuestra vida; a lo más un solo instante, mientras atravesamos la maroma del presente.
Tenemos miedo al futuro incierto (nuestro, de la Patria), lleno de niebla. El futuro parece una garganta monstruosa que nos va tragando la vida...
Señor de la eternidad, sabemos que nuestro tiempo se remansa en tu presencia; creemos que no se pierde ni un solo instante de dolor o de espera; de alegría o cansancio. Si se perdiera, nosotros mismos nos evaporaríamos con los instantes que pasan.
Tenemos miedo al futuro, porque es negro y está sin estrenar, y siempre va erizado de interrogantes. Todo lo que tenemos son cosas pasadas, y el futuro con su novedad nos amedrenta.
Pero cabalgamos con Dios hacia la grupa. Dios invisible, danos fe en tu presencia. Porque el futuro nos espera con su explosión de misterio. Nos parece andar de espaldas por el camino de la existencia.
Sólo el amor nos puede sacar de esta servidumbre del tiempo: el amor que integra todo lo disperso; el amor que vuelve clarividente el futuro.
Jesucristo, danos tu amor, que borra los límites, y nos injerta en el presente diáfano de la eternidad.
Señor, te brindamos el futuro, como los gladiadores en la arena. Al ofrecerte nuestro futuro desconocido, lo sacrificamos todo, y no confiamos plenamente. Te consagramos todas nuestras posibilidades, todos los dolores, todo nuestro ser para que el futuro lo convierta en amor.

Luis Espinal, sj.
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