FRAGILIDAD

Hemos leído la crónica roja; y allí estaba la historia de nuestros pecados posibles: robo, fraude, corrupción, deslealtad, coima,…
Si somos sinceros, nos sentimos hermanos de todos estos culpables.
También hemos sentido sus tentaciones. Y tal vez, algunas veces hemos caído, como ellos…
Señor, tenemos miedo; nuestra fortaleza es de barro; somos capaces también de cometer un disparate. Nuestros pies ya van por caminos torcidos…
Danos la mano, Señor, y no nos sueltes jamás, aunque te lo exijamos a gritos. Tenemos miedo, porque nos fiamos de nosotros mismos. Hemos edificado la casa sobre arena, sobre nuestras posibilidades.
Tenemos nuestro prestigio y nuestra experiencia; nos conocemos. Decimos que „no es un peligro para nosotros“. Y nos olvidamos de tus palabras que dicen: „Y no sabes que eres un desdichado, un miserable, un indigente, un ciego y un desnudo“.
Haznos caer en la cuenta de que sin Ti no podemos nada. Pero no nos lo enseñes a costa del pecado.
Compadécete de nosotros como una madre, aunque no te pidamos nada. No sabemos hablarte, pero nuestra indigencia da voces por sí sola.
Haz, Señor, que todo en nosotros sea oración; esta búsqueda, sin fin, de la felicidad y del amor es una manera de buscarte a Ti. Empuja nuestra oración; radicalízala para que no se estacione a mitad de camino.
Ya que somos frágiles, que cada pulsación sea una súplica del que está en peligro, un aspaviento del que se ahoga.

Luis Espinal, sj.
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