Estoy, Dios, atardeciendo
y el sol mis ojos apaga.
Me hago noche, y a tu zaga,
devestido de mi atuendo,
acunar tu sol pretendo
en la fosa de mi ocaso.
¿Voy a tu Día, o acaso
a mi peripecia y brega
le acecha una noche ciega
de absurdo y fiero fracaso?

Ha sido mucho el camino
que hemos enhebrado juntos;
muchos, los soles difuntos
que en cenas de pan y vino
enterramos con destino
de feliz renacimiento.
Y ahora que me falta el viento
para seguir caminando,
en tanto kairós es cuando
más hambre y sed de Ti siento.

Quédate, Señor, conmigo,
que en esta agónica tarde
en mi hogar tu hoguera ya arde
y tengo abierto el postigo.
Tu pan bendito de amigo
viento y pies pondrá a mi noche;
y, a la espera que derroche
tu sol para mí su luz,
tendrá mi paso y mi cruz
en tu Día pascua y broche.

(Juan Sánchez Trujillo)