EMPEZAR A SER CRISTIANOS

Somos cristianos por rutina, porque lo fueron nuestros padres; porque no nos hemos tomado la molestia de dejar de serlo. El cristianismo nos parece algo tradicional, un elemento cultural que hay que conservar, como una antigüedad. Por esto nos molestan los cambios, porque hacen pensar.
A veces, no poseemos el espíritu de Cristo, sino sólo las costumbres externas; y en nombre del cristianismo somos intolerantes e injustos.
Jesucristo, nos gustaría ser cristianos de verdad; descubrirte por primera vez, después de tantos años que al parecer se seguimos.
Sabemos que el Evangelio es hiriente, pero nos lo hemos acomodado; hemos hecho de él un texto de conformismo y vulgaridad. Nos sirve para defender la propiedad y nuestros privilegios.
Pero esto nos empieza a parecer incorrecto. Danos unos ojos nuevos para verte, sin astigmatismos, tal como eres. Danos un corazón nuevo para amarte plenamente, con tu inquietud, tu pobreza, tus ideas amenazantes.
Danos el convencimiento de que no te conocemos mientras nos parezcas lógico, mientras sea fácil seguirte.
Envíanos tu Espíritu, para que nos dé el sentido cristiano de tu mensaje; que nos turbe la paz de la rutina, con una embriaguez de Pentecostés.
Enséñanos a leer el Evangelio de un modo vital, que sea la norma de nuestra vida práctica, y no sólo un arsenal de teoría.
Otórganos, Señor, la sinceridad de descubrir la inconsecuencia de nuestro cristianismo: de predicar el amor y quedarnos dormidos. Si no queremos vivir como cristianos, que al menos tengamos la sinceridad de dejar de llevar tu nombre.


Luis Espinal, sj.
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