CRISTO TOTAL

No puede existir una religión individualista, ni una moral individual.
Como cristianos creemos que no estamos solos. Somos solidarios con Jesucristo y con los hombres. Somos células del Cuerpo de Cristo; todos juntos y Cristo formamos un solo organismo: el Cristo Total.
Jesucristo, nos dirigimos a Ti, no como a un lejano horizonte. Tú estás cerca, eres el alma de nuestra alma, la intimidad de nuestra intimidad.
Siempre estamos contigo, porque somos carne de tu carne; somos tu cuerpo. Por esto no podemos hablar de soledad. No existe la soledad para nuestra fe: es sólo tu silencio. Somos siempre un gran organismo viviente que irradia de Ti.
Nuestra vida debería ser asfixiante de presencia de los hombres. Todo lo que sucede en el mundo, sucede dentro de nuestro Cuerpo de Cristo. Cada acto repercute en todos y cada uno.
Nuestra pequeña tarea, nuestro esfuerzo minúsculo, tiene una potencia infinita porque es una gota en el caudal que empuja la turbina.
Por esto el mundo es sagrado: la calle está llena de Cristo. Reverentemente hay que recoger todas las migajas de hombre, porque allí estás Tú, Jesucristo.
Si supiésemos ver, todo sería un éxtasis. Te amaríamos también en estos miembros magullados de tu eterna crucifixión.
Gracias, Señor, porque aún nuestra tarea profana es un gesto tuyo. Para hallarte no hay que retirarse en el egoísmo; por el contrario, hay que sumergirse más en las cosas, hasta lo más profundo: exprimirlas hasta que gotee tu presencia.

Luis Espinal, sj.
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