Benditas sean las personas que son buenas, la mano que no golpea, la boca que no traiciona, el amigo que no reniega de su amigo.

Benditos sean los misericordiosos y aquellos que son abiertos y amables, aquellos cuya compañía es agradable.

Benditos sean aquellos que se protegen, se consuelan, se ayudan, se soportan.

Benditos sean la mujer para el hombre, y el hombre para la mujer, los viejos para los jóvenes, y el fuerte para el débil.

Bendito sea el que sabe lo que está bien, lo que está mal, y que escoge con justicia, no cediendo a ningún poder, no teniendo miedo a nadie.

Bendito sea todo el que habla sin prejuicio y ama sin prejuicio todo lo que vive.