ATEOS

Estamos tristes por ellos; porque gritan para espantar su tristeza. Se ahogan en la noche sin tiempo y sin estrellas.
La vida les desgarra, como a nosotros, pero ellos no tiene esperanza. Están solos, sin Dios.
Para ellos, la vida es apagarse, como la espuma del mar, como el sonido del martillo contra el yunque. Avanza la tenaza del silencio.
Estamos tristes por ellos, Señor. El hombre no sería más que un sapo saltando hacia el vacío. ¡Y son nuestros hermanos!
Han querido construir un mundo más justo, pero ¿para quién? Apuntálales la existencia, no sea que tan sólo construyan un mausoleo.

Luis Espinal, sj.
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