AMOR Y AMISTAD

Amar es la palabra más usada, y la más incomprendida.
Dos enamorados con la mano en la mano; la mamá con su wawa en la espalda; dos ancianos tomando el sol en silencio: esto es amar.
Amar: esta afinidad interpersonal, cuando el secreto del „tú“ se sale por los ojos; este despliegue metafísico hacia la entrega; esta superación del dónde, cuándo y qué… Todo esto es amor; pero hay más…
Señor, te damos gracias porque has inventado el amor. Porque nos has hecho tan semejantes a Ti que hasta podemos amar. Gracias, por ser algo más que instinto; gracias, por el misterio del amor.
Gracias por estas amistades concretas. Gracias, por esta persona querida, más íntima que nosotros mismos, porque sin ella no tendríamos interioridad. Gracias, Señor, porque te has revelado tangiblemente, avasalladoramente, en el sacramento de la persona amada.
Gracias, porque así nos has suavizado la existencia; porque amando has dado sentido a nuestro dolor y a nuestra espera.
Una persona que ama sinceramente, ya está amortizada. Ha librado más energía que todas las fisiones atómicas; puede transformar el mundo. Gracias, Señor, porque un acto de amor no es algo que pasa; es un monolito para la eternidad; es un chispazo definitivo en el corazón de Dios.
Tenemos miedo que nos falte tiempo para amar; que nos malgastemos en el egoísmo. En el mundo hay millones de personas que mueren de hambre; pero hay estadísticas para los famélicos de amor. ¿Qué hacemos con el corazón cerrado como una caja fuerte?
Jesucristo, enséñanos a amar totalmente, hasta la última consecuencia; y no dejes que se envejezca nuestro corazón.

Luis Espinal, sj.
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