ACCIDENTE

Tenía prisa; era urgente, y se sentía imprescindible... Ahora, está tendido sobre el asfalto, inerte, entre las llantas.
Le van a dedicar media columna en el periódico; el llanto se evaporará; y todo seguirá igual, sin su presencia... Señor, vamos a ciegas por la vida; ni la escogimos antes de entrar en ella; ni sabemos el día en que la vamos a dejar.
Mientras tenemos tiempo, manoteamos, nos movemos frenéticos para construir algo que dé sentido a nuestra existencia y a nuestro dolor.
Detrás nuestro, la juventud empuja para desplazarnos. Y este mundo es cada vez menos nuestro; ya antes de morir lo hemos legado a los demás.
Y un día inesperado, que no sabemos, los otros nos juzgarán, como una obra teatral después de que se ha caído el telón. Y tú, Señor, nos juzgarás.
Y todo lo que amasamos con sudor y trabajo ¿quién lo apreciará?
Señor, nos invade una llovizna de humildad: No somos el eje de la vida, como nos mentía el egoísmo; y todo seguirá igual cuando marchemos.
Estamos indefensos ante Ti, como un cuerpo abierto sobre el quirófano. La vida es mayor que nosotros, y tus caminos van mucho más lejos que nuestras miradas.
Nos sentimos a tu merced, Señor, estamos en tus manos; porque Tú intervienes para dar sentido al trato incoherente de nuestra vida...

Luis Espinal, sj.
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