"¿Por qué buscan entre los muertos al que está vivo? No está aquí. Ha resucitado..."
(Lucas 24, 5-6)


Hasta ciertos años teníamos muchos hermanos en la fe que estaban obsesionados por el bien morir. Para ellos el estar en gracia de Dios cuando la hermana muerte llegara era algo así como la asignatura siempre pendiente. Ocurría como si nunca tuviesen la suficiente gracia de Dios para aquel trascendental momento...
Hoy sabemos que estar en gracia es estar en Cristo, hacer su voluntad, caminar sus pasos, reanimar sus palabras.

Hay cristianos que han hecho de la muerte algo así como un sustitutivo de la esperanza, para ellos la esperanza está atrás, en el pasado, cuando en realidad la esperanza sólo puede estar en el futuro. Me explico. Esperan que la muerte les alivie el cargo de conciencia que les oprime por la relación que tuvieron en vida con el difunto. La muerte para ellos no está llena de esperanza sino le piden a la muerte un ajuste de cuentas con la vida... Llevan al cementerio flores, imágenes, ornamentos, cosas que gustaban al desaparecido. Hacen de la tumba como un "todo a un euro..." esperan comprar con poco lo mejor y lo mucho...

Yo me quedo con la frase latina que hay a la entrada de muchos cementerios "Resurrecturi" ("los que resucitarán"). Esa es la esperanza que me mueve. Esa es la palabra que pongo siempre al lado de la muerte; de mi muerte y la de mi seres queridos. Nunca he entendido a las personas que van a hacer un pacto con la muerte y con el cadáver para solucionar lo que no lograron solucionar en vida...


Tarea para la semana:

1.- Intenta explicarte con palabras sencillas qué es la resurrección que Jesús nos trae.
2.- Da muestras de cariño a las personas que tienes alrededor, en especial a tu familia. No esperes a que se mueran para decirles lo que de verdad les quieres.
3.- Visita un cementerio y ten un rato de oración y meditación sobre tu propia muerte.


© 2006 Mario Santana Bueno