"Aquel día ya no me preguntarán nada. Les aseguro que el Padre les dará todo lo que le pidan en mi nombre."
(Evangelio de san Juan 16, 23)


Hay personas que continuamente están preguntando a Dios sobre las dificultades que aparecen en su vida: "¿Por qué Dios mío..." Son preguntas llenas de dolor y de incomprensión sobre lo que están viviendo.
Para encontrar respuestas hace falta hacer bien las preguntas. Tengo que preguntar con confianza y con amor aunque mi vida esté atrapada por el dolor y la soledad. Tengo que preguntar con amor.

Hay preguntas que no encuentran respuestas porque son preguntas que se hacen desde el dolor y la desesperanza. No buscan respuestas sino desahogos. Los cristianos tenemos que vivir realizando continuos equilibrios entre las preguntas y respuestas. La respuesta adecuada la tendré en el momento adecuado si mi fe está atenta, si no me dejo hundir por el peso de los interrogantes.

El camino de la fe nos ayuda a tener cada vez menos preguntas y más respuestas. Es justo lo contrario a muchas personas que no creen. El caminar diario del cristiano es siempre un lugar para encontrar respuestas. Quien camina cada día con el Señor va oyendo, muchas veces en voz baja, las respuestas que el Maestro da a las cosas de nuestra vida. No sé si el bullicio interno de tantas personas les impide oír el latido interior de su corazón y, lo que es más duro: no poder oír el latido del corazón de Dios...

El cristiano es una persona de respuestas no sólo de preguntas. Si caminas bien en tu vida de fe cada vez tendrás menos preguntas y más respuestas a lo que sucede cada día en tu vida.


Tarea para la semana:

1.- ¿Cuáles son las preguntas que más frecuentemente haces a Dios?
2.- ¿Qué respuestas ha dado Dios para tu vida?
3.- Escribe en un cuaderno cómo reaccionas ante las cosas que no entiendes y que te producen sufrimiento y malestar.
¿Qué papel tiene Dios en esas situaciones?


© 2006 Mario Santana Bueno