"Sabemos que Dios dispone todas las cosas para el bien de quienes le aman, de quienes él ha llamado de acuerdo con su propósito."
(Romanos 8, 28)


Todas las situaciones que se dan en mi vida son para mi bien, incluso las que yo considero como auténticos desastres en mi existencia. Si amo a Dios Él me dará la luz para entender el bien que encierra esos acontecimientos.

Puede ser que pidamos a Dios que nos libre de las situaciones que más nos duelen y atormenta, pero es como si la vida nos devolviera más dolor sobre el dolor. La reacción básica es la de rechazo, la de no entender la crueldad del momento. ¿Acaso no estaba sufriendo ya demasiado para que ahora Dios me venga con cargas mayores...? ¿No era suficiente lo que me estaba pasando para ahora venirme esto...?

En la soledad de las pruebas de la vida la persona que ama a Dios sabe descubrir el bien que encierra cada situación. El dolor te puede llevar a la madurez. La ansiedad te puede llevar al dominio de sí mismo. La crisis te abre las puertas de la profundidad espiritual.

La Palabra nos dice que lo que Dios nos manda es siempre para nuestro bien. La tarea del cristiano es descifrar la presencia de la bondad que está encerrada en esos terribles momentos de la prueba. Tenemos la seguridad que Dios nos ha llamado no para sufrir sino para crecer en Él y con Él. ¿Sabemos aprovechar incluso las situaciones más difíciles de nuestra vida para permanecer en el Dios que nos ama?


Tarea para la semana:

1.- ¿Cómo vives los duros momentos de las pruebas de la vida?
2.- ¿Qué prueba es la que más te ha acercado a Dios? ¿y la que más te ha alejado?
3.- Escribe con serenidad haciendo un ejercicio de recuerdo cómo viviste los momentos más duros de tu vida. ¿Te dejaste acompañar por Dios? ¿Te sentiste abandonado por el Señor? ¿Supiste aprovechar esa enseñanza para tu crecimiento humano y cristiano?

© 2006 Mario Santana Bueno