Presecución a la Iglesia

Persecución

Por Carlos F. Barberá



No cabe duda de que muchos obispos están convencidos de que vivimos una situación de persecución y de desprestigio de la Iglesia. Yo mismo se lo he oído decir al cardenal Rouco y expresiones corno `'laicismo agresivo o “nos acosan por todas partes” y otras, parecidas se han repetido en los últimos meses.)

Pero precisamente el domingo 30 de noviembre se podía escuchar en todas las iglesias la proclamación de las bienaventuranzas y por tanto las palabras de Jesús: "Dichosos. vosotros cuando os calumnien, os persigan y digan todo género, de mal contra vosotros. Alegraos y regocijaos...". Siendo tan claras las palabras evangélicas ¿cómo es posible que los obispos se quejen? ¿No deberían estar felices como de hecho lo estaban los primeros cristianos ante las persecuciones? Algo disuena, pues, en las quejas de los obispos que no sólo deben ser los guardianes de la fe sino predicar con el ejemplo de sus actitudes.

Como es sabido, Georges Bernanos pasó en Mallorca la guerra civil española y en aquella circunstancia escribió un alegato bien conocido, "Los grandes cementerios sobre la luna". En una de sus páginas escribe lo siguiente: "Cuando crece la influencia de los jesuitas, los buenos padres presumen de sus méritos. Cuando son expulsados por todos los gobiernos y hasta prohibidos por el Papa, como en el siglo XVIII, se trata de una prueba y declaran que la obstinación de sus adversarios muestra que su compañía es la mejor".

Si traigo esta cita es para ambientar la afirmación de que hay tiempos de éxitos y tiempos de persecuciones pero que valorarlos de la misma manera puede inducir a errar y a empeñarse en un camino equivocado. A mi modo de ver, la Iglesia debería hacer una reflexión parecida a la siguiente: Puede que los que me atacan tengan razón. En ese caso he de hacer una revisión profunda y modificar básicamente mis palabras y mis actitudes. Si es así, bienvenida sea la persecución que me ha ayudado a convertirme. Puede por el contrario que me ataque sin razón porque conmigo está una verdad profunda que el mundo no puede aceptar. En ese caso la persecución no es sino un episodio de la cruz. Aunque procure sinsabores, igualmente bienvenida sea. "Me alegro en las... persecuciones y angustias por amor de Cristo" (2 Cor 12, 10)

En uno u otro caso, pues, no cabe sino alegrarse y las quejas de los obispos me parecen sorprendentes y hasta escandalosas.

Lo malo es que el análisis y el discernimiento que he propuesto más arriba no se hace suficientemente y no parece tenerse claro si lo que motiva la persecución de la Iglesia católica -si es que de hecho se da tal persecución- es la inevitabilidad de una cruz que siempre se hará presente o proviene del hecho de que la Iglesia invade terrenos y competencias que ya no son suyas.

Resumiendo mucho los terrenos en los que la Iglesia se siente perseguida, diría que se refieren al ámbito de la moral (los embriones, el preservativo...) o afectan a su presencia en la sociedad (la asignatura de religión). Pues bien, en alguna columna anterior he argumentado que la moral va conquistando su autonomía y ha dejado de ser en la conciencia moderna un asunto puramente eclesiástico o religioso. Y por otra parte la búsqueda de una relevancia en la sociedad no casa bien con las actitudes de Jesús, que exigía guardar secreto sobre sus acciones. Mi opinión, por tanto, es que la supuesta campaña contra la Iglesia debería ser la ocasión para hacer una reflexión profunda que, terminada en una conversión, animara a abandonar esos ámbitos y a centrarse en el afán primero de Jesús: ser una buena noticia para los pobres. Estoy convencido de que la persecución no cesaría, acaso al contrario pero entonces la Iglesia podría gloriarse en ella.

Y en todo caso -y ya el gobierno se ha encargado de recordarlo- perseguida o no, la Iglesia está ampliamente subvencionada por sus perseguidores, lo que no deja al menos de ser chocante.

( Alandar )


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