VIDAS PENDIENTES DE UN HILO

La vida en muchas ocasiones pende de un hilo. La cuestión no es la debilidad de ese hilo, sino cómo lo manejamos las personas. Se puede tirar para que la vida siga, o pegar un tirón


Esta semana tengo tres noticias buenas que dar. La primera es que acaba de nacer Adai. Si todo nacimiento puede ser complicado, el de Adai lo ha sido en mayor grado. Su madre, Yaiza, es una madre soltera, con pocas disponibilidades económicas. Cuando notó el embarazo se dio cuenta del problema que se le venía encima y no encontraba cómo solucionarlo. Podía deshacerse del niño, y eso no habría supuesto ninguna dificultad práctica. Pero quería que su hijo naciese, y ese camino resulta más complicado.

Por suerte dio con una ONG que ayuda a las madres en estas circunstancias. Ellos la encaminaron a una asistente social, que inició los trámites para que pudiera ser acogida en una casa, sencilla pero bonita y con jardín, que tienen unas religiosas que se dedican a estos menesteres. Ahí está ahora con su hijo.

Se ha estrenado estos días la película Juno. Una adolescente, jugando a hacer experiencias, queda embarazada. La solución obvia es resolver este fallo acabando con la vida del niño. Por una serie de circunstancias, aparentemente casuales, el embarazo sigue adelante, y no sólo nace el niño, sino que la vida de los implicados se transforma y todos acaban madurando y descubriendo el amor. No se pierdan el diálogo entre la madrastra de Juno y la especialista en ecografías.

La tercera noticia me llega de China. Me escribe un amigo sacerdote que ha estado predicando, cerca de Beijing, unos ejercicios a profesionales jóvenes que practican su cristianismo en la clandestinidad. Al terminar se le acercó una de las asistentes llorando porque tenía un hijo, y ahora estaba embarazada de nuevo. La doctrina oficial china le exige que ese niño no nazca, pero ella sentía un gran amor por su hijo y estaba desesperada. Al final se encontró un grupo de religiosas que, también en la clandestinidad, facilitaba que los niños pudieran nacer en algún lugar de China donde la madre fuera desconocida.

Son buenas noticias, porque la vida siempre es una buena noticia. A veces salir adelante va acompañado por una serie de dificultades que cuesta resolver. De todas formas, favorecer soluciones que acortan o acaban con la vida de los seres humanos, tampoco está exento de dificultades con la agravante de que remedios de este tipo no tienen vuelta atrás.

Es cierto que forma parte de los tópicos sociales aceptados la consideración, que hacen algunos, del aborto como solución práctica, eficaz y moderna. Igual como las proposiciones que se empiezan a escuchar de legislar la posibilidad de practicar la eutanasia. Se debe reconocer que estas medidas poseen la capacidad de deslumbrar porque parece que la persona es capaz de tomar las decisiones más fuertes para la propia vida o para la de los que todavía no han nacido. Sin embargo, posiblemente, se trata del vértigo que produce la cercanía del máximo riesgo que es la muerte, y de la exaltación del yo que se niega a asumir la responsabilidad de las propias acciones.

No conviene engañarse: el futuro es de la vida, porque sólo tiene futuro lo que está vivo. También porque el futuro es de los que desarrollan su vida ejercitando su creatividad y su compromiso para afrontar los problemas reales del presente. Por el contrario, soluciones que conducen a la muerte siempre disminuyen el nivel de humanidad en la sociedad, aunque se fuerce el lenguaje para mostrarlas atractivas.

La vida humana en muchas ocasiones pende de un hilo. La cuestión, sin embargo, no es la debilidad de ese hilo, sino cómo lo manejamos las personas. Se puede tirar suavemente para que la vida salga adelante, o pegar un tirón para romperlo.

(c)2008 Francisco José Ramiro García