Sapere aude, Acerca del "derecho al aborto"

Se ha deslizado, como quien no quiere la cosa, la expresión "derecho al aborto", desde la cual se hace muy difícil debatir acerca de la despenalización o la legitimización del aborto mediante leyes. Lo que hay que debatir es precisamente la verdad, o la consistencia, de ese supuesto derecho.

“Atrévete a pensar”, o, “ten el valor de usar tu propia razón” son traducciones del latín sapere aude, que constituye uno de los logros del pensamiento de la Ilustración. Divulgado por Kant ("¿Qué es la Ilustración?"), original de Horacio (Epístola II del "Epistularum liber primus"), forma parte esencial de nuestra cultura occidental.

A esta exigencia de razonar, se oponen algunas corrientes también presentes en nuestra cultura. En primer lugar el sentimentalismo como motor de la acción. No se trata de que los sentimientos no participen en las decisiones, sino que se pretende decidir apoyándose en lo sentido, y no en lo pensado o razonado. Parecería que el pensamiento mata la espontaneidad de la libertad que se mueve por razones.

En segundo lugar, el voluntarismo –obrar porque sí, sin ninguna razón que explique la elección-, constituye la raíz de muchos comportamientos fanáticos que se venden como normales en nuestro tiempo.

Un último grupo viene producido por el gregarismo el que fácilmente podemos caer. Cuando falta pensamiento propio se tiene la tendencia a usar el de los demás. Lo “políticamente correcto”, lo “ha dicho la televisión”, o “es lo que dice todo el mundo”, son manifestaciones de esta actitud. Alguno líderes sociales pueden preferir este tipo de grupos, porque son manipulables y de ahí el interés en hacer campañas que buscan el impacto, no el razonamiento, o el convencimiento.

“Atrévete a pensar”. Apliquemos esta máxima a una afirmación que estamos escuchando: el derecho al aborto. La enunciación de este derecho no ha surgido de la propia sociedad, que lo único que aprobó fue la despenalización -lo cual es muy distinto- , sino por la propaganda de unos grupos ideológicos que pretenden imponerlo. Por compasión se puede no castigar, pero eso es muy distinto a reconocer como bien, o como derecho, lo que solo puede ser despenalizable.

Suponiendo que exista ese derecho, querría enfrentarlo a dos casos: una mujer joven embarazada pierde a su marido que poseía una importante riqueza, ¿puede ser bueno que aborte al niño para hacerse con toda la herencia? Otro caso: si en un accidente, que sufre una mujer embarazada, ésta pierde al niño, se dice que se ha cometido un homicidio involuntario; pero si es ella la que decide interrumpir el embarazo, esto es perfectamente admisible, ¿no es sorprendente que parezca que la calificación de homicidio o de ser algo bueno dependa sólo de la aquiescencia de la madre como si la existencia del niño fuese algo sin valor?

No basta decir que existe un derecho, es necesario explicar su fundamento. A mi entender la argumentación que se da sobre el supuesto derecho a abortar puede ser triple.

* a) La mujer tiene derecho a resolver los problemas que le provoca el embarazo. Sin embargo el embarazo, en la inmensa mayoría de los casos –en 2006 de 101.592 abortos provocados sólo 13 han sido por violación, y en Canarias ninguno-, se produce como consecuencia de las mismas acciones que el hombre y la mujer libremente llevan a cabo. El que los efectos supongan un problema no crea el derecho a deshacerse de ellos sin ninguna responsabilidad. Más bien aumenta la responsabilidad por ser causa del embarazo, y por ser causa del aborto.
* b) La pareja tiene derecho a que el niño que nazca sea según sus deseos. Puede ser loable desear que nazca sin ningún defecto físico, o con el máximo de capacidades intelectuales. Pero una cosa es desear y otra tener derecho. No se tiene derecho a que el hijo tenga determinadas cualidades, porque supondría mirar al hijo como un producto hecho para satisfacer los deseos de los padres, y no como se debe mirar: alguien que es amado por su propia existencia, tenga las cualidades que tenga.
* c) El ser humano que lleva una mujer embarazada en su seno, es sólo un trozo de carne, y que además es del cuerpo de la madre, por lo que ella puede hacer lo que quiera. Pero eso no es verdad porque lo científicamente cierto es que se trata de un ser dependiente de la madre, pero individual y distinto, perteneciente a la especie humana. Pero, además, si pretendemos mantener esa perspectiva superficial sobre el feto, lo mismo habría que aplicar a cualquier ser humano, que no dejaría de ser un trozo de carne y además dependiente de los demás en muchos aspectos de su existencia.

“Atreverse a pensar”, parece que nos lleva a negar que exista el derecho de abortar. Si alguien tiene otras razones que las saque a la palestra, pero en cualquier caso que se argumenten, y no sólo que se lancen.

(c)2008 Francisco José Ramiro García