Junto al ambiente lleno de optimismo por los últimos éxitos deportivos, vuelve a hacerse presente la inestabilidad de la situación económica que está provocando fundados temores en buena parte de la población. Una de las principales incógnitas es la duración de esta situación. En cualquier caso, antes o después, volverá a estabilizarse la economía, aunque no conozcamos los costes humanos que va a exigir, ni los cambios sociales que se van a producir.

La preocupación por la economía, sin embargo, no puede volvernos ciegos, a otros cambios que se están anunciando en el horizonte. Me refiero a estrategias que se están desarrollando para cambiar los valores –lo que se juzga importante- de la sociedad actual.
Como en el caso de la economía los promotores de estos cambios no son originalmente los ciudadanos, sino determinadas personas o grupos que toman decisiones que acaban afectando a todos. No hay que pensar que la intención con que lo hacen sea necesariamente espúrea, sino que puede estar dirigida a aumentar el bienestar social. Pero, en ocasiones, también se trasluce claramente el interés económico, al afán de poder, o de implantar un pensamiento único.
Otro aspecto son los medios que se utilizan para este cambio de valores. Puede ser que la tolerancia y el debate sean los recursos utilizados, pero también estamos asistiendo a la utilización del poder –económico, de medios de comunicación, o político-, como arma para imponer “suavemente” la propia ideología.

Aunque hay diversos valores que están sufriendo un intento de cambio, querría hoy referirme brevemente a los intentos dirigidos a cambiar uno en concreto: la concepción de la dignidad de la vida humana. Tres son los frentes en los que se ya se ha puesto en marcha el proceso de cambio.

El primer frente, es la unión de España al Proyecto Gran Simio. Se acaba de aprobar una proposición de ley que pide una adhesión del gobierno español en el plazo de cuatro meses. Este proyecto tiene diversas reivindicaciones para los grandes simios, pero el punto básico es el reconocimiento de derechos inalienables en estos animales. No se trata de que se les quiera proteger, cuidar su vida, o evitarles el sufrimiento inútil. El término inalienable significa que tienen algunos derechos como el de la vida, que nadie puede decidir por ellos, ni siquiera para evitar muerte de seres humanos. No se trata por tanto, a mi modo de ver, de una mayor protección para estos animales, sino la afirmación de que las personas y los simios son realidades de igual valor, ya que se les reconoce la misma inalienabilidad de los derechos.

El segundo frente ya anunciado es un decreto para legalizar el aborto en los primeros meses, mientras que la situación para los meses posteriores quedará como está ahora. Hasta ahora el Tribunal Constitucional había reconocido del posible conflicto de dos derechos: el de la madre y el del feto. Con la legalización, desparece el conflicto porque desaparece el derecho del niño, en las primeras 12-15 semanas de su vida. Es un cambio importante porque la madre se convierte en dueña absoluta de la vida del feto.

El último frente se refiere a una posible legalización de la eutanasia para el 2009. Con esta legalización se afirmaría que la sociedad no tiene el deber de proteger siempre la vida de los ciudadanos, sino mientras que estos no pidan que se acabe con ellos, y, en los casos en que no sean capaces de decidir, otros podrán decidir por ellos. Se sustituye el reconocimiento del derecho a la vida del ser humano por el hecho de estar vivo, por un juicio sobre la calidad de vida que tiene. Además como el concepto “calidad de vida” es muy relativo, la legislación –los seres humanos que legislan- decide en cada momento histórico cuáles son las cualidades que hay que pedir para que se reconozca calidad de vida, a un ser humano.
Se trata de algunas decisiones que ya se están proponiendo a la sociedad española. No pienso que tengo que salir adelante, porque el ser humano tiene gran capacidad de acertar a la hora de las decisiones importantes. Pero sí que me parece que estamos ante una crisis más importante que la económica. Al fin y al cabo, se puede vivir feliz con mucho menos de lo que tenemos. Pero tengo serias dudas de que podamos ser felices si culminan en leyes los procesos que ya se han iniciado.

(c)2008 Francisco José Ramiro García