BERNAT SORIA Y EL ALMA


Varias personas me han preguntado por las declaraciones del profesor Bernat Soria en su reciente estancia en Las Palmas de Gran Canaria. Este investigador ha afirmado que el ser humano no tiene alma hasta los 14 días. Resulta interesante que, a diferencia de aquél famoso cirujano que nunca se había encontrado en sus operaciones con el alma, nuestro investigador haya descubierto que los embriones que él manipula la empiezan a tener a partir del día 14.

La afirmación tiene importancia, porque hasta ahora, en el mundo occidental, tan sólo Aristóteles –y a su estela algunos escolásticos-, se había atrevido a afirmar que el alma racional la adquieren los seres humanos en el día 40 después de la concepción, en el caso de los varones, y en el día 80, en el caso de las mujeres.

El caso de Aristóteles se entiende porque a diferencia de Bernat Soria, no era un científico sino un filósofo. Hablaba de la vida desde lo que podía ver con sus ojos. Su explicación sobre lo que ocurre con los seres vivos, partía de lo que podía observar, y lo que se veía era que los embriones no empiezan a tener apariencia humana hasta cerca de los tres meses, lo que ahora llamamos período fetal. Es lógico que si no veía que tuviese forma humana, pudiera pensar que no era todavía un ser humano, y por tanto que no tenía esa alma. Por esto se puede decir que Aristóteles no tenía un error filosófico, sino que partía de un error científico.
En estos momentos, por el contrario, la ciencia está bastante de acuerdo con que desde la concepción estamos ante un nuevo ser humano individual. Una nueva vida humana ha comenzado, y el embrión desarrolla desde él mismo todas sus capacidades en contacto con el entorno, en primer lugar con la madre.
Desde el punto de vista filosófico, el debate sobre cuándo comienza el ser humano a tener alma ha sido un tema aparcado desde el siglo XVII. El motivo de esta falta de interés estriba en que había un acuerdo general por la defensa de la vida humana una vez comienza su camino en el seno materno en el momento de la concepción. Las agresiones a esta vida siempre fueron rechazadas, bien se contemplasen como homicidio o como atentado contra la generación de una vida que ya ha comenzado su viaje hacia el ser hombre. En último término se pensaba que bastaba la duda de si tenía alma o no, para que no se pudiera atentar contra ese ser humano.

La discusión actual se ha producido no porque hayan aflorado nuevos datos científicos que exijan retrasar la presencia del alma. Con lo que se sabe ahora, Aristóteles afirmaría, sin duda, la existencia del alma desde la concepción.
Lo que ha ocurrido es que, como consecuencia de la proliferación de las técnicas de reproducción asistida nos hemos encontrado con un buen número de embriones “huérfanos” de los que nadie se hace responsable. Algunos científicos –que no todos, ni mucho menos- han visto en ello una ocasión propicia para utilizar esos embriones en sus investigaciones. Este deseo chocaba con el respeto supuesto que se debía tener en el trato con esos seres humanos. Como consecuencia esos científicos se han visto en la necesidad de negar esa alma humana, para poder disminuir el mal ético que supondría estar manipulando y destruyendo seres humanos.

Yo no sé cuándo el ser humano recibe el alma racional. Más bien me inclino a pensar que en el mismo momento de la concepción. Me parece que no se puede ser ahora hombre sin alma, y después hombre con alma. Pienso que somos seres unitarios, y que el cuerpo y el alma forman un único ser que no se puede separar.

En cualquier caso el profesor Soria ha hecho una afirmación filosófica que no ha demostrado. Por eso, mientras se demuestra quién de los dos tiene razón, parece que lo prudente sería tratar con respeto los embriones humanos y dedicarnos a la investigación con embriones animales. Sólo cuando tengamos claro que no estamos manipulando personas humanas entonces podremos con tranquilidad de conciencia personal y social destruir embriones humanos.

Aún suponiéndoles guiados por intenciones altruistas, la verdad es que no parece ético utilizar seres humanos en estado embrionario para investigar con ello.

(c)2006 Francisco José Ramiro García