Bebé medicamento, bebé persona

Mi amigo Fernando me manda varias reseñas de artículos aparecidos con motivo del nacimiento de Javier Mariscal en el Hospital Universitario Virgen del Rocío de Sevilla, y me anima a que escriba sobre este tema.
Lo primero que tengo que decir es que no me parece adecuado que a una persona se le califique de bebé medicamento o bebé medicina, porque una cosa es que los que lo han producido lo hayan hecho con esa intención, y otra cosa es que se le llame así. Es un bebé persona.
Que se trata de un tema no sólo científico sino ético, no tengo ninguna duda. Discrepo de la afirmación de Marcelo Palacios –presidente de SIBI-, cuando dice que «no tiene que presentarse ningún dilema ético». «Las personas, las familias, tienen el derecho a constituir el tipo de familia que estimen, por lo que si deciden tener un hijo acogiéndose a una técnica es pura decisión suya, y todo lo que sea hacer comentarios descalificadores me parece una injerencia inadmisible» (lne.es, 17/10/08). Sin hacer ninguna descalificación, ni pretender meterse dentro de la intimidad familiar, me parece evidente que lo que ocurra dentro de una familia, no es intocable, porque puede haber comportamientos dentro de ese familia que vulneren los derechos humanos.
Hay aspectos muy positivos en la noticia que se ha dado: siempre es un bien el nacimiento de un niño, sea cual sea el camino por el que lleva a la vida. Por eso hay que felicitar a Javier por su llegada al mundo. Pero, ¿todo niño es concebido respetando su dignidad de llegar a la existencia en un acto de amor entre un hombre y una mujer? Evidentemente no: puede ocurrir, por ejemplo, que la mujer haya sido forzada, u otras situaciones injustas.
También es un bien, que Andrés, su hermano, vea abiertas las puertas de una terapia para su anemia congénita severa. Ahora tiene entre un 70 y un 90 por ciento de posibilidades de curarse, o bien con las células del cordón umbilical de Javier, o con trasplantes de su médula ósea que le hagan.
Pero lo dicho hasta ahora no resume todo lo ocurrido. Javier ha nacido, porque entre sus genes no tiene el que provoca esa enfermedad, y además porque es histocompatible con Andrés. También, junto con Javier, se produjeron otros 16 embriones, que han sido desechados porque podían ser portadores de la enfermedad, o porque aún siendo perfectamente sanos, no iban a ser compatibles con Andrés. ¿Tiene algún valor ético esta forma de seleccionar embriones humanos?
José Blanco ha dicho -hablando de lo que él llama “bebé medicamento”- que los niños que puedan beneficiarse de estos avances, no entenderán, “cuando sean hombres y mujeres, la oposición tan irracional que algunos tienen a la vida que genera vida para uno mismo y para otros”. “Nadie entenderá en el futuro lo mucho que nos ha costado salvar esos estrechos condicionantes morales”, añadió.
Puestos a imaginar lo que pensará el bebé Javier en el futuro, también podemos concluir, sin ser irracionales ni estrechos de moral, que Javier estará contento de su ayuda a Andrés, y también de que sus padres quieran tanto a Andrés. Pero, ¿a él también le quieren? La imagen de los embriones humanos –sus hermanos-, que fueron desechados por no tener determinadas características biológicas, seguramente que pesará fuertemente sobre él.
También podrá sufrir con la idea de que sus padres no le han querido a él en sí mismo, porque, de hecho, si no hubiese sido físicamente como es, no le habrían permitido vivir ni desarrollarse. Incluso podría llegar a pensar que sus padres se han desecho de sus embriones hermanos, como quien se deshace de un trasto inútil.
Este aspecto de la cuestión no debe ser olvidado ya que quizás se sienta gravemente herido como persona al darse cuenta de que ha nacido porque podía ser utilizado, eso sí, para una causa buena.
Por tanto el nacimiento de Javier, no sólo es una buena noticia, sino que también puede ser una mala noticia.
El juicio moral que cada uno pueda hacer depende ahora, de sí uno piensa que hay fines que justifican cualquier medio, o, por el contrario defiende que el fin no justifica los medios.

(c)2008 Francisco José Ramiro García