28 de marzo de 2007

- CARLOS G. VALLÉS, Alegrías recobradas. Del complejo de culpa al gozo de la gloria. Ed. PPC. Madrid, 2007. 128 pp. 10,50 euros.

El evangelio es alegría. Los ángeles de la Navidad nos anuncian «una gran alegría para todo el pueblo», y los ángeles de la resurrección nos quitan todo miedo: «¡No temáis!». Jesús nos comunica su alegría, y nuestra alegría, a su vez, es la que le hace alegrarse a Jesús sobremanera. Lo dice el evangelio. La comunicación de la Buena Nueva causa alegría a quien la lleva, y esa alegría es la que le capacita y consagra para llevarla a otros. No se puede anunciar el evangelio con cara triste.Pero no siempre hemos hecho de la proclamación del evangelio una Buena Nueva. El deseo de asegurar a todo trance la salvación eterna por parte de los fieles, y la tentación de reforzar el dominio sobre las conciencias por parte de los monjes, llevaron a exageraciones y escrúpulos que a veces casi hicieron olvidar la alegría del mensaje evangélico. Amenazas y miedos, complejo de culpa y temor al infierno, tentaciones por todas partes y pecado en todo llegó a ser casi el tono normal de la predicación y la moral. Se oscureció el gozo. Es hora de recuperar la Buena Nueva, de recobrar la alegría y la dicha de la salvación de los hijos de Dios.