Dios es como un volcán, que mientras no se mueve parece que está dormido, y nuestra vida pasa a su lado sin damos cuenta que está ahí. Muchas veces decimos: ¡qué bonito el volcán!, Lo adoramos, le llevamos regalos, le pedimos cosas, pero nunca sabemos qué es lo que ocurre en su interior.

Un día ese volcán empieza a echar lava, a enserarnos su interior, "a revelarse como volcán", aunque no del todo, porque muchas cosas se las guarda. Vemos sus movimientos, lo oímos, lo olemos, llegamos a captar sus movimientos porque sacude nuestros cimientos; lamentamos que nuestros campos sembrados, que daban muchos frutos, que servían a nuestros intereses, el volcán con su lava, "con su revelación" nos los haya "quemado", los ha sepultado.

Y cuando cesa el volcán, y todo vuelva a la normalidad, sólo que ya no tenemos esos campos, quizás alguna casa haya quedado bajo las cenizas, y haya personas a la "intemperie", sin resguardo, en "la crisis". Necesitan otra "casa", otro sitio donde vivir, pero sea como sea, nadie podrá después decir que el volcán no estuvo en movimiento, ni que sepultó unos campos bien sembrados.

Muchos volverán a plantar y a sembrar sobre sus cenizas, y volverán a granar los campos, y cuántos que se quedaron sin casa, no tendrán varias ahora; y otros, ¿no habrán construido hoteles en la falda del volcán?; Y otros ¿no destrozarán el paisaje para edificarse también su terreno alejándose del volcán?

Pero, en lo más recóndito del corazón humano, siempre queda la pregunta, ¿seguirá en actividad este volcán o se habrá apagado para siempre?, y como la respuesta no depende del ser humano, alguien dirá "hasta que Dios quiera", sin darse cuenta de que Dios era el que hablaba por el volcán.

©Domingo A. Morales Márquez

Ficha pedagógica Material nº: 31

Título: ¿Cómo hablar de Dios hoy a un volcán?

Autor: Domingo A. Morales Márquez

Fecha de publicación: marzo diciembre 2002

Destinatarios: jóvenes a partir de 14 años y adultos.

Edad de aplicación: a partir de 14 años.

Nivel: 7/10

Para utilizar en: Catequesis, grupos de jóvenes, de adultos, clases de religión (31-41 ESO, Bachillerato,…) y otras áreas.

Objetivos: Trabajar sobre la figura de Dios.

Material adicional necesario: Ninguno.

Actividades complementarias: Comentario de textos. Contesta a las siguientes preguntas sobre el texto anterior.

¿Qué tipo de Dios trata de expresar el autor? O sea, ¿cuáles son las características de ese Dios?

¿Qué (o a quién) representa la lava de ese volcán?

¿Qué son los campos sembrados cargados de frutos?

¿Qué significan las casas, los hoteles, el paisaje destruido?

¿A qué conclusión llega el autor? ¿A cuál llegas tú? Razona las respuestas.

A tener en cuenta: Significados de los símbolos para el autor: La lava es la Palabra de Dios, y su amor. Se guarda en su interior el Misterio. A Dios es difícil comprenderlo. No podemos atraparlo con las palabras y las ideas. A Dios lo sentimos, vemos a las personas que creen en él, las celebraciones que realizan, las oraciones que le rezan. Su Palabra, rompe los esquemas, nos sacude interiormente. Hace "milagros" con las personas. Los campos sembrados, representan nuestra vida, lo que pensamos, nuestros deseos, intereses y destino que vamos fraguando. Dios cambia la vida de las personas. Quemar significa sentirse atrapado por Dios, con sentido positivo. Quien se siente atrapado, querido, por Dios, no le abandona nunca. Después del encuentro con Dios, nos sentimos en crisis, a la intemperie. Necesitamos reconducir nuestra vida. Algunos que se quedaron en esa situación pueden que busquen y tengan varias casas, varios lugares,... Otros intentarán sacar provecho de esta situación y se anclarán. Otros intentarán abandonar, marcharse lejos, huir de lo que han vivido, negarlo. Al final, la pregunta más importante se realiza en el corazón humano: ¿Ha pasado Dios por mi corazón, por mi vida?