Divorcio y crueldad

A la vuelta de un viaje a Estados Unidos por motivos de trabajo, durante las horas de vuelo nos pusieron la película "Intolerable Cruelty" (Crueldad intolerable), en la que Catherine Zeta-Jones va a la caza de un marido detrás de otro, eso sí, siempre muy rico, para una vez que ya ha conseguido hacerse con su dinero, ir también a un divorcio tras otro. Entonces, recordé que había dejado en mi mesa de trabajo un artículo publicado en el diario El País, titulado "Lo que cuesta un divorcio", al que me propuse contestar.

Como me parece que el divorcio es una noticia atemporal, que ahora se habla del proyecto de ampliar el divorcio en España y facilitarlo, y considero que todo lo relacionado con el matrimonio es de gran interés para sus lectoras/es, lo hago a continuación.

Al hablar con justicia de “lo que cuesta un divorcio”, ¿no habría que incluir también el valor de lo que destroza? y antes de romper un matrimonio ¿no convendría considerar que, salvo casos excesivamente graves, cuesta más y trae más problemas que intentar resolver todas las dificultades de esa pareja?

Además, que le diga la Sentencia de divorcio a un pobre señor divorciado que ya no existe su matrimonio, si le obliga –como sucede en la vida real de más de uno- a abandonar la casa, aunque sea de su exclusiva propiedad porque la adquirió él antes del matrimonio y a abonar mensualmente a la mujer, tanto las pensiones de alimentos de los hijos menores, como la pensión compensatoria de ella, y todo ello sacándolo del mismo sueldo de antes y habiéndose quedado en la calle. No, el matrimonio está ahí y en este caso él lo nota aunque sólo sea por el gravamen. El divorcio lo único que hace posible es un posterior matrimonio civil, que no reconoce la Iglesia porque el matrimonio válidamente contraído es indisoluble.

Ante tanto divorcio, podemos preguntarnos: “Pero hoy, ¿el matrimonio es para siempre?, o ya eso ha cambiado”. Sí, hoy el matrimonio es para siempre, sigue siendo para siempre.

Por eso, escribí “CÁSATE Y VERÁS”, de la editorial Marova, publicado en mayo de 2003, para que le ayude al que se va a casar a casarse bien, y al ya casado a cuidar su matrimonio, con las dificultades, los problemas y las alegrías de hoy.

Algunos “se han roto las vestiduras” porque es muy claro, pero me parece que hoy la gente pide que se le hable claro para poder decidir con libertad. Y también, por lo contrario, otros se han molestado afirmando que si no hubiera ninguna noción de moralidad lo comprarían. Yo, por mi parte, respeto una opinión y la contraria. Y me sirve el que haya gente que me manifiesta lo mucho que le ha gustado y lo mucho que le ha ayudado o, como otros, que ¡un libro así no había!, que ha cubierto una laguna.

Como yo me dedico profesionalmente al matrimonio, cuando se rompe un matrimonio compruebo que se rompen muchas cosas con él y la realidad me lleva a constatar que no es remedio tener en la mano una Sentencia de divorcio. En un matrimonio hay mucho en juego.

En el artículo “Lo que cuesta un divorcio”, y a favor de aumentar en España las posibilidades de ir a un divorcio, se decía por algunos Abogados de Familia que actualmente "un español tiene que pasar dos veces por los juzgados: una para la separación y otra para el divorcio, pues éste no se puede solicitar si no se ha presentado un año antes la demanda o se demuestran dos años de separación de hecho".

Sin embargo, como ya también soy Abogada de Familia, compruebo que no se da a conocer que con la Ley de divorcio de España sí están contemplados tres casos en los que se puede ir directamente al divorcio sin tener que pasar previamente por una separación matrimonial. Y, por ello, entresaco de mi libro "Cásate y verás” las siguientes líneas, que están en las páginas nº 69, 70 y el principio de la 71:

No se da a conocer, a pesar de que son datos que a más de uno le puede interesar saber, que en nuestra Ley de divorcio1 hay tres posibilidades para ir directamente al divorcio sin tener que pasar por una previa separación judicial. Y son los siguientes:
Tres supuestos para ir al divorcio sin separación

1.- Pedir el divorcio los dos de mutuo acuerdo, después de llevar dos años viviendo separados de mutuo acuerdo2.

2.- Si se llevan 5 años viviendo separados.

En este caso, basta que uno sólo pida el divorcio para que lo obtenga.

Es más, en este supuesto3 el que se quiera divorciar consigue el divorcio quiera el otro o no, e incluso aunque el otro se oponga, se haya quedado abandonado y sin protección alguna.

Y, como uno de los argumentos a favor de ampliar nuestra Ley del divorcio es decir que una mayor facilidad para conseguirlo disminuirá “la grave inseguridad jurídica”, hay que oponer, contemplando tristes realidades e impugnando ese argumento, que en este supuesto sucedería justamente lo contrario, porque el que se ha quedado abandonado y sin protección alguna, lo estaría incluso antes.

3.- Y un tercer caso para poder ir al divorcio directamente es: haber presentado de mutuo acuerdo la Demanda de Separación Matrimonial después de un año de matrimonio, y que haya transcurrido un año desde que se presentó la demanda de separación, para poder presentar la demanda de divorcio4.

De este modo, se consigue el divorcio sin sentencia de separación, tanto si el divorcio lo piden los dos de mutuo acuerdo como si sólo uno es el que se quiere divorciar.

Y en este supuesto, igual que en el anterior, hay que reconocer que dar una mayor facilidad para el divorcio en vez de disminuir “la grave inseguridad jurídica”, que se intenta hacernos creer, producirá justamente lo contrario, porque si uno se ha quedado abandonado e indefenso, se adelanta aún más la indefensión.

Y como no es necesario tener la Sentencia de Separación, en este caso la parte perjudicada – uno de los dos o uno de los dos con los hijos pequeños- puede encontrarse en total desprotección.

Por lo menos, que no nos engañen.

Lo que está claro es que, con nuestra Ley del divorcio, después de una Separación la posibilidad del divorcio está abierta, porque basta que lo pida uno sólo de los dos para que, antes o después, acabe obteniéndolo.

Pero respecto a cómo actuar ante el divorcio, hay que decir que indudablemente no es igual querer el divorcio que no quererlo, pedirlo que oponerse. El Catecismo de la Iglesia Católica nos dice en el punto 2383 que “Si el divorcio civil representa la única manera posible de asegurar ciertos derechos legítimos, el cuidado de los hijos o la defensa del patrimonio, puede ser tolerado sin constituir una falta moral”

Habrá que acudir a un buen asesor y ver en cada caso cuál es la actuación correcta o, al menos, la más adecuada.

Pero por todo lo anterior y atendiendo a las cifras de los divorcios en España, que también hago constar en “Cásate y verás”, más que la existencia de un clamor social que pide la ampliación de nuestra Ley del divorcio, lo que parece es que nos quieren imbuir más divorcio, querámoslo o no. Aunque claro está, a nadie le obligan a divorciarse, ni con la Ley ampliada, ni tal y como está. E indudablemente es más bonito poder afirmar: te quiero y te quiero seguir queriendo, que te quiero porque no me queda otro remedio.

Me viene a la memoria lo que me manifestó el padre de un cliente, un señor experimentado: “¿Qué es el amor?, ... ¿sentimientos? Indudablemente, el amor es un sentimiento; pero, a veces, los sentimientos suben y bajan, vienen y van. Amor es ni plantearse otra posibilidad: yo quiero a mi mujer y quiero seguir queriéndola cada día, y pongo los medios. Eso es el amor. El amor es fidelidad”.

Además, hay que reconocer que si la Ley exige, como ahora, un tiempo antes de ir a un divorcio es por la protección que exige un bien importante. Es lógico que no se pueda construir un matrimonio, una familia y después, dejarlo a merced de poderlo romper unilateralmente y por cualquier cosa.

Siempre se ha dicho que el divorcio engendra divorcio, y está comprobado que es cierto. Además, hay personas que tienen miedo a casarse por temor al abandono, porque ya nada es seguro.

El hombre y la mujer de hoy son capaces de hacer grandes cosas y las cosas grandes exigen siempre constancia y fidelidad al ideal que se pretende; si no, no lograríamos nada.

Cuando nos casamos, el matrimonio es la cosa más grande que tenemos entre manos. Exigirá perdonar -perdonar y olvidar; si no, no es verdad que se perdona- comprender, entregar, compartir, comunicación y diálogo entre nosotros y hacer de dos vidas, una.

Recuerdo una señora que me dijo: “estoy preocupada porque hasta ahora los problemas siempre nos han llevado a unirnos más, como sucedió cuando a él le echaron del trabajo, o cuando apareció el problema de nuestro hijo, o ...”, me iba detallando. Y me explicaba que ante los problemas siempre habían necesitado los dos apoyarse más el uno en el otro. Y estaba preocupada porque era la primera vez que no les ocurría esto.

El matrimonio no es un juego, ni una frivolidad.

Su éxito está en lo más íntimo de uno mismo, está en la raíz de nuestra existencia.

Al final y después de varios enredos, hasta para la guapa apropia fortunas y para el vanidoso abogado matrimonialista de "Intolerable Cruelty" (Crueldad Intolerable), el amor, el buen amor, es lo que merece la pena.

Rosa Corazón
Abogada matrimonialista civil y del Tribunal de la Rota de España.
Autora de los libros: "Nulidades Matrimoniales" de la editorial Desclée de Brouwer y "Cásate y verás" de la editorial Marova
D.N.I. nº 1.484.145-R
Despacho en la calle Sagasta nº 16, 3º izda - Madrid
Teléfonos: 91 594 41 89 y 608 38 49 65

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1 Es la Ley 30/81 de 7 de julio.

2 Se aplica el artículo 86, 3ª, a) del Código Civil español.

3 Se aplica el artículo 86, 4ª del Código Civil español.
4 Se aplica el artículo 86, 1ª del Código Civil español.