ORACIÓN DEL EDUCADOR CON PROBLEMAS

A ti amigo y colega de profesión que llegas a casa con la amarga sensación de haber estado perdiendo el tiempo...O a ti que has probado hacer de todo... ¡vamos! que solo te queda por hacer el pino delante de tus chicos...
O a todos aquellos que, en algún momento, han pensado que se han equivocado y su vocación no es precisamente la que están ejerciendo...
A vosotros os quiero pedir que os dejéis llevar por una persona que, muchos años antes que nosotros, pisó por nuestros mismos caminos y que, cómo no, probó también nuestros mismos sinsabores...
No, no se trata de hacer un conjuro que elimine “de golpe y porrazo” todos nuestros males... Bien sabes, amigo, que en nuestro oficio no hay pócimas mágicas ni claves secretas que descifrar...
Únicamente te pido que leas y hagas tuya esta oración y descubras cómo el mismísimo Dios es uno de los tuyos y te puede echar una mano:

Ante mi pesimismo, mi ganas de tirar la toalla, cuanto más lejos mejor...
Creo Señor, pero aumenta mi fe.

Ante mis fracasos, mis noches oscuras, mi trabajo estéril...
Venid a mí todos los que estáis cansados y agobiados, y yo os aliviaré.

Ante mis jóvenes más difíciles, aquellos que meten “la gamba” una y otra vez...
El que acoge en mi nombre a un pequeño como esos, a mi me acoge.

Ante mi baja autoestima, cuando llego a la conclusión de que no valgo y ha llegado la hora de que otros ocupen mi sitio...
La mies es abundante, pero los obreros son pocos.

Ante mis chicos descarriados, aquellos que van por libre y se pierden por sendas tortuosas, aun dando un gran respiro al grupo...
Si un hombre tiene cien ovejas y se le extravía una de ellas, ¿no dejará las noventa y nueve e irá en busca de la extraviada?

Ante mis deseos de ascender y colgarme medallitas de reconocimiento...
Si alguno de vosotros quiere ser grande, que sea vuestro servidor.

Ante mi predilección por los más listos, que no cesan de reconocer mi eficiente labor...
No he sido enviado sino a las ovejas perdidas.

Ante mis bellas palabras, mis sabios consejos, mis lecciones magistrales...
No todo el que dice ¡Señor! ¡Señor! entrará en el reino de Dios, sino el que cumple la voluntad de mi Padre.

Ante mis chavales agraciados con un sinfín de oportunidades y que siguen tropezando una y otra vez con la misma piedra...
No te digo hasta siete veces, sino hasta setenta veces siete.

Ante los éxitos, el agradecimiento y “el peloteo” de mis jóvenes más aventajados.
Vosotros amad a “los peores,” haced el bien y prestad sin esperar recompensa.

Ante aquellos que retribuyen mi eficiente tarea a base de insultos, desprecios y golpes bajos y traicioneros...
Al que te abofetee en la mejilla derecha, preséntale también la otra.

Ante mis noches en vela buscando la lección perfecta, la adaptación idónea...
Buscad primero el reino de Dios y su justicia, y todo lo demás se os dará por añadidura.

Ante mis exámenes parciales, mis juicios dirigidos, mis miradas “adiestradas”...
Señor, que vea.

Ante mis días grises, en los que grito a los cuatro vientos que Tú, Señor, nos has dejado “más tirados que una colilla”...
Sabed que yo estoy con vosotros todos los días hasta el fin del mundo.

José María Escudero
mardepri@hotmail.com