SEMBRADORES A LARGO PLAZO

Por José María Escudero Fernández
(mardepri@terra.es)


Aquel día, Jesús salió de su casa y en lugar de dirigir sus pasos, como en tantas otras ocasiones lo había hecho, a la orilla del lago, cambió de escenario y fue a parar a un abarrotado salón de conferencias donde se impartía un simposium sobre educación... ¿te vas situando?... bueno, pues continuemos

Cuando le tocó el turno a Jesús subió al estrado y, después de saludar al resto de conferenciantes, se dirigió al público con estas palabras:

“Salió el sembrador a sembrar y, al sembrar, parte de la semilla cayó junto al camino...”

Bueno, el caso es que les contó, una vez más y con pelos y señales, la parábola del sembrador... Al finalizar dejó de hablar y comentarios desaprobadores llegaron a sus oídos:

“Esto no es nuevo, ya lo sabíamos...”
“Es bueno recordar ciertas cosas, pero para esto, mejor que se hubiera quedado en casa...”
“Éste no tenía nada preparado...”

Jesús dejó que el público diera rienda suelta a sus enfados y, después de tranquilizar al organizador de las charlas que no paraba de darle codazos, volvió a tomar la palabra:

“Por vuestros comentarios, veo que conocéis mi Palabra, lo cual me enorgullece, mas de lo que no estoy tan seguro es si entendéis su significado. En la parábola que nos atañe el sembrador es cada uno de ustedes, que siembra la palabra en cada uno de sus jóvenes. Los que sembráis junto al camino sois los que lo hacéis a desgana, “con estos chicos es imposible recoger algún fruto.” Os desanimáis pronto y transmitís vuestra desesperanza a vuestros chavales. Los que sembráis en el pedregal sois los que todos los años empezáis el curso con firmes compromisos e ilusiones renovadas, pero al ver el panorama tan desolador que se extiende ante vosotros, os venís con gran facilidad abajo y lo echáis todo por la borda. Los que sembráis entre zarzas sois los que os dedicáis a esperar con ferviente anhelo el fin de semana, los puentes marcados por el Ministerio, la última hora de clase y, sobre todo, el fin de mes para recoger el fruto de la nómina que, con tantos sudores, habéis conseguido. Los que sembráis en tierra buena sois aquellos que no desesperáis, que una y otra vez y a pesar de los problemas y del mal tiempo cuidáis con esmero y preparáis con todo tipo de atenciones vuestra simiente (vuestros chavales) y no esperáis los frutos como si se tratara de una simple operación matemática... os aseguro que, aunque vosotros no lo veáis, vuestros jóvenes darán fruto, el treinta, el sesenta o el ciento por uno....

Esta vez cuando Jesús acabó de hablar no hubo ningún comentario, al contrario, un silencio un tanto sospechoso invadió la sala... ¿te sitúas ahora mejor?