LOS TALENTOS DE UN EDUCADOR

Por José María Escudero
(mardepri@terra.es)


“A uno le dio cinco talentos, a otro dos
y a otro uno, a cada uno
según su capacidad...” (Mt 25,15)


…Sucede con el reino de los cielos lo que con aquel director de un prestigioso colegio que, al ausentarse una temporada por motivos familiares, convocó una reunión extraordinaria, encomendando a tres de sus mejores profesores un número de alumnos. Al primero de ellos le dio un grupo de veinte, al segundo un grupo de quince y al tercero un grupo de diez, a cada cual según sus capacidades. Y antes de despedirse les exhortó a realizar con dedicación la tarea encomendada durante el tiempo que él se encontrara ausente…

Pasó el tiempo: un año, dos, cinco.. los chavales fueron creciendo y dejaron el colegio, a los profesores les llegó el momento de su jubilación y el director… del director jamás se tuvo noticia alguna..

Solamente cuando a los profesores les llegó la hora de dejar este mundo el director volvió a aparecer esta vez “revestido de Maestro” y les volvió a convocar para pedirles cuentas de sus muchachos.

El primero de ellos, orgulloso de poder comunicar a su Señor su eficiente logro, se levantó como un resorte y..

-Mira Señor, te acuerdas del que se sentaba en la primera fila, ¡sí hombre!, aquel que no dejaba de comerse las uñas.., pues no te lo vas a creer. Ha llegado a ser un excelente político capaz de dirigir él solo a millones de personas.. ¡Ah! y el rubito que usaba lentillas, ése acabó con matrícula de honor la carrera de ingeniería y no ha dejado de recibir premios y galardones.

Cuando acabó de hablar, enseguida se levantó el segundo, y después de carraspear y afinar debidamente su voz, se dirigió al Señor con estas palabras:

-Mira Señor, te acuerdas del niño que vivía enfrente del colegio, en las casas nuevas, pues acabó sus estudios con notas muy altas, se licenció en Derecho y ahora mismo y debido a su eficiente valía es portada en todos los medios de comunicación.

Cuando éste acabó de hablar se hizo un enorme silencio.., el rostro del único que quedaba por hablar denotaba cierta timidez, y solamente tras la invitación de Jesús para que comenzara, se levantó y con voz entrecortada empezó su discurso:








-Maestro, diez muchachos me diste, ninguno de ellos ha logrado un éxito tan rotundo como los anteriores. Sin embargo (el rostro de nuestro amigo empezó a desprender signos evidentes de una enorme felicidad), te acuerdas de… (y fue nombrando uno a uno por su nombre, y a todos conocía a la perfección: el obrero del polígono industrial, la feliz ama de casa, aquella que se encontraba en trámites de separación, o ése que necesitaba diálisis tres días por semana… y no sólo eso, nuestro amigo había dejado de ser “su profesor” para convertirse en compañero de camino de cada uno de ellos..)

Cuando acabó de hablar Jesús se puso en pie y preguntó a los dos primeros:

-Me habéis contado las hazañas de tres de vuestros alumnos, pero ¿y el resto?, ¿sabéis que ha sido de sus vidas?, ¿os habéis limitado a llenar sus cabezas de ideas sin atender mínimamente su corazón?, ¿habéis convertido algo tan sagrado, como es la vida de unos muchachos, en un simple boletín de notas?...

Y señalando al tercero de ellos le dijo:

-Bien, has sido una persona buena y fiel, como fuiste fiel en cosa de poco te pondré al frente de mucho; entra en el gozo de tu Señor.

Después dirigiéndose a los otros dos les dijo…, ¡bueno, lo que ya todos nos imaginamos y lo que a nadie nos gustaría escuchar cuando estemos cara a cara con El Maestro!