LOS MILAGROS DE UN EDUCADOR

Por José María Escudero
(mardepri@terra.es)


“Entonces algunos maestros de la ley
y fariseos le dijeron:
-Maestro, queremos ver un signo
hecho por ti…” (Mt 12,38)



-Jesús en Caná de Galilea convirtió el agua en vino…
puedes convertir la desesperanza de los muchachos que Jesús ha puesto en tu camino en confianza y afán de superación.

-Jesús limpió a varias personas de las terribles manchas que les originaba la lepra…
puedes limpiar las manchas que a menudo ensucian a tantos jóvenes causadas por una sociedad consumista y embaucadora.

-Jesús concedió la vista al ciego de Jericó…
puedes enseñarles a que miren a su alrededor para que aprendan el valor de la fraternidad y descubran la enorme dicha que produce un mundo de hermanos.

-Jesús hizo andar al paralítico olvidado de Cafarnaúm…
puedes convertirte en compañero de camino de tantos jóvenes que necesitan de unos pies amigos que les indiquen el camino a seguir.

-Jesús calmó la tempestad en el lago de Tiberiades…
puedes calmar el miedo y la confusión que les acechan continuamente y que les conduce si nadie pone remedio al fracaso de sus vidas.

-Jesús multiplicó los panes y los peces para que todos pudieran comer…
puedes multiplicar las capacidades de tus muchachos para que sean ellos mismos los que “exploten” y compartan el tesoro que llevan dentro.

-Jesús expulsó al espíritu inmundo del endemoniado de Gerasa…
puedes echar fuera tantos tormentos, prejuicios y falsas motivaciones que padece la juventud con el fin de que descubran su verdadero yo.

-Jesús curó a la mujer que padecía hemorragias…
puedes prevenir las heridas que enturbian la vida de muchos jóvenes que les conduce al más absoluto abandono.

-Jesús sanó al sordomudo en el lago de Galilea…
puedes hacer posible que escuchen las palabras de Tu Maestro y se conviertan en pregoneros de la Buena Noticia.

-Jesús resucitó a su amigo Lázaro…
puedes dar vida a esos jóvenes que Dios te ha confiado y que en ocasiones viven atrapados por el pesimismo y el desencanto, para que así vuelvan a ilusionarse y a confiar en el mayor milagro que Dios ha puesto en ellos: sus vidas.