“APRENDED DE ELLOS”

“Dejad a los niños y no les impidáis que vengan a mí, porque de los que son como ellos es el reino de los cielos” (Mt 19,14)

En aquel tiempo le presentaron a Jesús unos niños para que les bendijera.., lo cierto es que los niños no paraban quietos y correteaban de un sitio a otro, sin atender lo más mínimo a las palabras del Señor. Los discípulos, entendiendo que a su Maestro se le estaba escapando la situación de las manos, empezaron a regañarles…

Jesús manteniendo la sonrisa pidió tranquilidad, y sentándose al lado de los chiquillos, que habían cesado en sus correrías al comprobar atónitos cómo un adulto era capaz de estar con ellos sin enfadarse o sin imponerles un castigo, se dirigió a sus discípulos con estas palabras:

“Dejad a los niños y aprended de ellos, pues son el gran espejo donde queda reflejado el Reino que tanto ansiáis…

Los discípulos, que hasta hacía un momento habían estado más pendientes de los niños que del Señor, dirigieron, a regañadientes, su mirada hacia el Maestro esperando “por dónde iba a salir” en esta ocasión. Jesús, después de acariciar a uno de los niños, siguió enseñándoles con estas palabras:

“Sí, aprended de los niños, pues ellos son los únicos que son capaces de ponerse contentos sin motivo aparente, los únicos que no se aburren pues siempre están ocupados en algo, los únicos que perdonan y… –esta vez Jesús dio más énfasis a sus palabras- que olvidan sin el menor esfuerzo…

Ay
–continuó diciéndoles Jesús- si supiéramos exigir nosotros con las mismas fuerzas con las que exigen los niños aquello que desean, este mundo cambiaría. Si supiéramos reírnos más de nosotros mismos y afrontar los problemas que nos vienen con el optimismo con el que lo hacen los niños, crearíamos un mundo hermosamente habitable. Y si supiéramos destapar más a menudo “la tapa de nuestros corazones” y mostrarnos a los otros como lo hacen los niños, sin prejuicios, con total confianza, formaríamos, no os quepa ninguna duda, un mundo de hermanos.

Sí, amigos
-dijo finalmente Jesús poniéndose en pie y alzando la voz- os aseguro que si no cambiáis y os hacéis como niños no entraréis en el Reino de los cielos.”

José María Escudero Fernández
(mardepri@terra.es)